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Sobre la representación en Antropología: descripción y hegemonía

febrero 3, 2008

“El conocimiento científico exige entregarse a la vida del objeto, o tener ante sí y enunciar su necesidad interna
Hegel. Fenomenología del espíritu

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Introducción:

James Clifford pone en algún lugar el caso de Marcel Griaule y su relato sobre los Dogon o en realidad sobre el estamento sacerdotal de los Dogon; este caso nos lleva a un lugar de inflexión de la antropología social en cuanto a la representación del Otro; cuando aun esta andaba en la búsqueda de la alteridad radical frente a occidente. La antropología social se valió de diversos métodos y teorías para descubrir el “corazón cultural” de las sociedades que fue a estudiar; vale la pena recordar aquí la noción de método que en griego vendría a ser algo así como “a lo largo del camino” cuyo destino cuando hablamos de la ciencia obviamente es la verdad moderna. Pero existen verdades y verdades; dependiendo del lugar epistémico donde se basen; existe una verdad ontológica que va en busca de la esencia de las cosas, buscando las leyes inmutables que hacen que las sociedades se muevan, en antropología la fuerza de esa búsqueda esta presente tanto en el evolucionismo a lo Morgan como en la estructura de Levy- Strauss, pasando por el funcionalismo de Radcliffe- Brown y su analogía biológica.

Pero además existe otro lugar teórico como es el positivismo que busca lo puesto, lo que hay; aquello manifiesto que hace que la sociedad y su cultura se vuelva transparente, es la idea de la copia, de la fotografía, de las descripciones minuciosas que el buen Boas nos llamaba a hacer con sus áreas culturales, este postulado llegara a su extremo en el momento del antropólogo nativo o las etnografías de citas que reunirían por primera vez la información desde la sociedad misma evitando el sesgo “subjetivo” del antropólogo. La pelea en cada caso es por la verdad que una sociedad A que será llevada mediante un texto a la sociedad B. La hermenéutica reaccionara contra esto haciendo hincapié ya no en los métodos como los positivistas tan preocupados de las técnicas que se ocuparon para llegar a ese juicio sobre la sociedad o por la forma lógica de los juicios que nos recuerda la preocupación de Kant sobre la forma en que conocemos, sino sobre las imágenes que nos transmiten, en el extremo esta Clifford Geertz llamándonos a la perfección de la escritura, tratando de transmitirnos sensaciones y reduciendo a la antropología a las sensaciones del etnógrafo. En cada caso siempre es el texto o las fotografías o los videos los que nos hacen referencia a representación de la cultura en la sociedad dada. En cada caso hay un fracaso en el ingreso al objeto de estudio a través de una inmediatez entre el sujeto y el objeto, en cada caso tuvieron que asumir mediaciones discursivas entre el sujeto enunciante y lo enunciado. Más allá de que Levy-Strauss pensara que las mitológicas se hubieran escrito solas.

Siempre es una imagen, un discurso. Ya pasamos por la copia o por las leyes internas de la sociedad, y sin embargo la narración hermenéutica sigue construyendo la imagen del otro. El otro que antes era asequible y el relato etnográfico era la verdad interna o la copia, y ahora quizás una semblanza o una imagen. El otro es construido para la sociedad B por medio del relato del antropólogo, pero eso no ha significado nada. La autoridad etnográfica basada en la experiencia del “estar ahí” y describir ha dejado lugar a las imágenes de los que están ahí. Nos movemos en un mundo de imágenes que construyen y desconstruyen a los Otros. Pero la autoridad como poder y no solamente como origen sigue estando detrás de nosotros. El gatopardo hace que todo cambie para que nada cambie.

Imagen y Narración.

A lo mejor debería ser narración e imagen. La narración por medio del texto nos trasmite una imagen del otro. El relato en antropología tiene una doble función: la primera es la transmisión del otro dándole una existencia y una visibilidad que antes no tenia, en el caso específico de Griaule nos muestra a los Dogon. Esta primera función es la más característica de la antropología de viejo cuño cuando nos acercaba por medio del relato en el texto etnográfico a pueblos que se encontraba lejos en el espacio y atrás en el tiempo como los cazadores recolectores etc. De esta manera y armado de técnicas investigativas la antropología construyo su discurso sobre el Otro, al cual le dio una realidad basada en el estatuto científico, lo que había en el texto era la verdad no solo de la existencia de estos pueblos como una prueba que están ahí, sino además el estar ahí del antropólogo como miembro de una sociedad científica que nos traspasara la imagen del otro, enumerando sus características, sus principales costumbres. Los pueblos mediante esta construcción fueron vistos como una totalidad, como un arquetipo inmutable. La imagen de la sociedad que se hacia mediante el texto les daba una corporeidad indivisible en la sociedad B. El antropólogo se ponía como mediador y comunicador intercultural entre la sociedad A y la sociedad B. Pero existe otra función del relato y es la que nos recuerda Benedict Anderson en su “Comunidades Imaginadas”, el relato hecho texto que Anderson pone de manifiesto nos hace también imaginarnos a nosotros como comunidad, aunque no lleguemos a conocernos entre todos nos imaginamos como unidad dándonos también una homogeneidad, una identidad que como toda identidad es igual a si misma. Entonces el relato es capaz de unirnos y además de mostrarnos la imagen de otros.

La imagen transmitida en el texto nos opone y nos unifica. Nos piensa como comunidad y nos da también la alteridad de otras comunidades. El mundo del texto nos acerca en el espacio a otras sociedades. Forma entonces nuestra memoria y a los pueblos ágrafos su memoria hecha no por ellos, sino por lo antropólogos. La representación de estos pueblos extraños se hace como una comunidad imaginada, mediante la narración del antropólogo. En definitiva una imagen hecha a partir de una representación. Exploraremos tres tipos de imágenes que corresponden a tres formas de representación en antropología: la imagen fotográfica, la imagen como lo subyacente y la imagen como narración. Para rechazarlas todas y poner otro lugar teórico a la narración del antropólogo.

La imagen fotográfica.

La imagen fotográfica hace alusión a los intentos positivistas de la antropología, la idea de la copia, de la descripción minuciosa de Boas es a la que nos lleva este postulado; Boas había pensado que, reaccionando contra el evolucionismo, que no podíamos hacer generalizaciones sobre los pueblos solo basados en el método comparativo, por tanto había que hacer descripciones minuciosas para después ver si se podía comparar o no. La antropología de EEUU nos llevo de esta manera al relativismo cultural armado de su teoría el particularismo histórico. La imagen era construida por el antropólogo entrando al corazón de la cultura con un conjunto de técnicas de investigación. La sociedad era transparente en sí misma, dentro de su contextualidad. Entonces solo había que medirla, mirarla a través de la observación participante o las entrevistas a sujetos claves. El intento fotográfico de la descripción minuciosa solo logro asfixiar a los antropólogos que ya no explicaban sino que solo mostraban, la imagen de la sociedad. El problema de suscitaba entonces ya no con la posibilidad de la descripción sino con los mecanismos para describir donde el narrador extranjero resultaba de alguna manera un elemento distorsionador de la realidad. En ese punto aparecen los informantes claves y la polémica con el antropólogo nativo.

El desarrollo de la antropología en este punto fue como todo intento positivista: metodológico. Las metodologías y las técnicas de investigación nos acercan al objeto como al medico lo acerca la oscultación del paciente a través de los instrumentos médicos. La realidad esta ahí y lo que no sabemos es como tomarla, como seguir el camino “método” hacia la realidad misma. La misma razón nos indicaría el camino de cómo orientar la experiencia etnográfica. Estar ahí era la base, aprender la lengua y tratar de participar con ellos para coger su punto de vista. La imagen era preponderantemente emic.

La imagen como lo subyacente.

La imagen como verdad intrínseca de los pueblos es el intento de la antropología de corte ilustrado. Tanto Levy-Strauss como las antropologías materialistas como la de Marvin Harris entraran a buscar la mirada distante, no importando tanto lo que el sujeto dice de sí, sino lo que el antropólogo ve detrás del sujeto. La idea de estos antropólogos es descubrir lo subyacente y que en último termino determina la acción cultural de estos sujetos en su sociedad. Las sociedades y su dinámica son opacas cosa que los enfrenta con los intentos positivistas que concebían sociedades de manera transparente, por tanto, posible de copiar y de describir. Descubrir los mecanismos que están detrás de los sujetos es otra forma de reificación de la realidad. La mirada etic tiene preponderancia en los intentos de estos antropólogos. La narración tiene un estatuto científico universalizante. Hay una razón universal que todos compartimos sin saberla, ya que es anterior y superior a nosotros.

El marxismo y el psicoanálisis los grandes programas de la sospecha son quienes nos acostumbraron a este tipo de análisis de la sociedad y de la cultura. El concepto de ideología en el marxismo de Althusser que es el que sigue Marvin Harris y la idea de conciencia de Freud que es la que sigue Levy-Strauss, nos dan indicios para sospechar lo que esta detrás de la imposible transparencia de las sociedades y de la historia. La ideología “burguesa” según Marx tenía la necesidad de naturalizar lo que aparecía como histórico y contingente reificando la realidad social. La conciencia de Freud nos ocultaba el Edipo los hombres hacían las cosas, pero no sabían porque lo hacían. Levy-Strauss trabajo sobre estas ideas construyendo las mitologías y la idea de estructura inconsciente que producía a los grupos. La mirada distante etic se mantiene tanto en Marvin Harris preocupado como buen materialista de lo que hacían y no de lo que “decían” que hacían; o en una formula “el hacer sobre el decir”. Y Levy-Strauss sobre el decir del antropólogo estructuralista sobre el decir del nativo, así como el analista dice algo sobre la asociación libre del paciente dándole una coherencia que el analizado no puede percibir. El antropólogo de esta manera y en ambos casos podía ver lo que realmente eran y eso era lo que narraban.

La imagen como narración.

Llegamos a un lugar teórico heredero de la hermenéutica y de la posmodernidad. La imagen etnográfica transmitida en este caso tiene que ver con la dimensión estética y de las sensaciones que el antropólogo siente al estar con los sujetos de estudio. Esta vez el antropólogo nos habla de la sociedad en la cual esta desde sí mismo, en una pretendida relación dialógica con la sociedad, el antropólogo habla desde sí inmerso en el mundo de los otros, ya no de los otros como copia, ni de lo que los otros no ven, pero hacen inconscientemente. Ahora hablan desde sí.

El antropólogo proyecta “su” imagen sobre la sociedad estudiada. Por tanto no tiene el estatuto científico anterior, no describen la sociedad ni explican la sociedad, a los más intentan comprender a la sociedad, comprensión siempre limitada por la misma construcción social del antropólogo. El antropólogo es ahora un autor no diferenciable de un novelista. Se preocupara del estilo, de la estética del relato tratando de transmitir sus sensaciones. El texto sale de la asepsia científica al collage artístico. La etnografía es solo lo que el autor ve e interpreta en la experiencia, esta es la dialéctica que Clifford nos muestra. Hay solo narración no basada en una verdad que no sea la personal del autor, ya no tiene estatuto científico ni pretensión de verdad social, sino solo de un relato más.

El dilema de Griaule.

El dilema de Marcel Griaule cuando estudia a los Dogon nos ilustra los problemas de la representación en antropología. La antropología en estas tres tendencias que hemos reconstruido nos ilustra que siempre hemos tomado a las sociedades como sistemas cerrados que no presentan conflictos internos como las sociedades modernas, las imágenes construidas de ellas daban la idea de una totalidad homogénea, nos hace imaginarnos una sociedad que se piensa a sí misma como comunidad imaginada. Griaule siguiendo esta línea, según Clifford, solo tomo en cuenta el punto de vista del estamento sacerdotal de los Dogon, el nativo influyo sobre la etnografía, pero lo hizo desde una noción de poder sin poder saber –nosotros- si el resto de los Dogon tenían la misma visión.

Hemos llegado a un momento de inflexión en el relato, en la imagen construida por los antropólogos en sus etnografías. Las imágenes entonces proyectadas son las de las hegemonías históricas de cada sociedad, por tanto la posibilidad de que las sociedades cambiaran estaba abierta desbancando a los intentos materialistas del estilo de Marvin Harris, o del estructuralismo de Levy-Strauss o de los funcionalistas, estas sociedades calientes podían ser vistas desde el conflicto activo o pasivo. El Afganistán de los Talibanes nos muestra este tipo de posibilidad, donde la dominación pura a través del control de los mecanismos de coerción física según el concepto de estado en Weber se reafirma con las de hegemonía ideológica que Gramsci nos pone en el camino. El estado es más que dominación, es además hegemonía ideológica o cultural. El relato y el texto oficial no bastan para entender a la sociedad, existen otros relatos y otros textos, y lo que aparece como totalidad incambiable es solo hegemonía de un momento histórico determinado. Siempre puede existir una contradicción en las sociedades, que van intentar pensarse de manera distinta, existe ahí la posibilidad del cambio social. Los Talibanes solo son un momento histórico en Afganistán y eso lo prueba su salida del poder. El consenso forzado de la población puede ser cambiado cuando esta toma la palabra y se relata a sí misma.

Esto nos lleva a otra afirmación, algo así como el sujeto es parte de la explicación, de una explicación que es también histórica. Entonces a la pregunta de ¿Porque sucedió esto?, es: porque ellos lo hicieron. La ciencia busca explicaciones sin el sujeto observado y observador, busca las leyes causales en la infraestructura económica, en la estructura funcional, en la interacción sistémica, o en el plano estructural a lo Levy-Strauss, desdibujando a los sujetos sociales, disolviéndolos. El relato puede ser no científico como la idea de la pretendida verdad y solo quedarse en la hermenéutica, pero lo que importa es la hegemonía del relato y como este construye comunidades imaginándolas, no importa ya es si es científico o solo la interpretación del autor, ya que este construirá una imagen que podrá ser hegemónica o no, dependiendo de cómo los sujetos logran proyectar esa imagen, de esta manera nos salimos de la ciencia y de la hermenéutica y entramos directamente a la política, a una forma de ver la política que es también ,mediando la hegemonía, cultural. El informe del PNUD 2002 trabaja al alero de la destrucción del imaginario social separando la experiencia vital de este. En este punto da lo mismo cual es el imaginario social, lo que importa es si es hegemónico. Lo que importa es la cultura, o la vida con sentido según Subercaseux. El sentido es lo que el antropólogo debe relatar, lo que debe construir indagando. Pero ese sentido de la experiencia vital es cambiable y puede estar en conflicto o como mínimo puede ser disputado.

El dilema de Griaule, de esta manera, se sale de si representa bien a la sociedad y su cultura como copia, como estructura subyacente o como mera imagen hermenéutica, lo que importa es la hegemonía de la imagen del otro, al cual construimos en nuestra sociedad B desde la sociedad A. El texto ya no busca entonces la verdad de lo puesto, de lo subyacente o de la hermenéutica, porque a pesar de que sea un texto sin pretensión científica, construye una imagen que se podrá hacer hegemónica en la sociedad. Esta noción del relato supera a las otras, ya que contiene sus posibilidades racionales y las transforma en discurso político. Un ejemplo claro de este dilema, es el problema de la delincuencia en el país. La delincuencia condenada a la página roja de los diarios antes de los noventa, paso a la portada poniéndola en el centro del debate político. Es extraño ya que se supone que la delincuencia aumenta en épocas de crisis económica o por los menos el sentido común nos diría eso; pero los noventa sobre todo en la primera parte de la década son una época de expansión económica y del crédito, y de gran acceso a los recursos, y sin embargo los delincuentes pasan a primera plana y en el centro del debate político. Este es un claro ejemplo de la acción hegemónica de ciertos grupos dentro de nuestra sociedad, de esta manera si el antropólogo hindú viniera vería como nuestra principal preocupación es la seguridad ciudadana. La antropología se fue a la estética y al collage artístico, pero sigue construyendo imágenes, que pueden llegar a ser hegemónicas, entonces la forma de ver el proceso de construcción del discurso etnográfico y su autor cambia haciéndolo más complejo.

Dos orígenes de la autoridad etnográfica.

Hay dos formas de ver el proceso de la construcción de las etnografías como textos y ver su relación con el autor y su autoridad, la primera es la imagen del autor como autoridad y la segunda la de la imagen de la autoridad como autor. El autor como imagen de la autoridad hace referencia al estatuto de verdad cultural que hace el antropólogo al construir su texto etnográfico, esta autoridad esta relacionada al “poder” científico. La ciencia tiene el poder porque tiene la verdad. La representación de la verdad cultural de la sociedad estudiada se hace a través del estar ahí junto con las técnicas de investigación, más la experiencia y explicación teórica. La teoría nos permite mediante las técnicas de investigación y la experiencia etnográfica, poder articular un discurso científico. El autor del texto esta respaldado por la autoridad de la ciencia que me habilita para hacer juicios sobre las sociedades. Esta es la imagen de la idea del experto en un tema, su autoridad esta basada en que es un experto en algún tema. Este tipo de autoridad esta ligada al poder del conocimiento que el proyecto ilustrado pretendía para los científicos, ya que nos liberarían de los prejuicios y oscuridades de la sociedad anterior.

El otro tipo de autoridad esta ligada a la imagen de la autoridad como autor, aquí ya no se pretende la verdad, sino ubicar al texto según el autor que le dio origen. El relato ya no ordena en una teoría científica como en un paradigma, sino que el texto se identifica con el autor que lo produce, en sus sensaciones y trata de construir una relación dialogica con el lector. Ya no es la verdad prepotente de la ciencia, sino la opinión de alguien que acompañado de la experiencia etnográfica nos muestra su visión de la cultura observada. Es obvio que su fuera otra persona nos diría otras cosas, porque sentiría y percibiría otras cosas del grupo estudiado. La posmodernidad resolvió así con este tipo de razones particulares, tan particulares como el autor del texto la carencia del meta relato de razón universal y totalizante.

De esta manera intentaron ponerle coto a las fallas de la ciencia y sus prepotencias en nombre del progreso, pero fallaron ya que de todas maneras construyen una imagen hacia la sociedad B de la sociedad A. Un relato que construirá diferencias e identidades. La comunidad imaginada del otro volverá a hacerse visible más allá de que si se trata de un relato científico o hermenéutico. El texto nos volverá a vincular y generar imaginarios culturales. Pero no bastan ni el autor y su autoridad asumida o dejada de lado o si el texto es científico o no, lo que importa es su hegemonía, como este va construyendo imaginarios, poniendo los límites de la normalidad y de la anormalidad, generando un sentido común. Construyendo imágenes que nos llevaran a hacer juicios sobre los otros, la imagen en este punto da exactamente lo mismo si es científica o no, lo que importa es si esta instalada en el imaginario y si se reproduce como cultura. La normalidad de lo culturalmente aceptable esta basada en la imagen hegemónica que hemos hecho de nosotros y de los otros. La seguidilla y para ponerlo en una formula es autor: texto: hegemonía como tres momentos de la constitución de un imaginario social. La mima relación se puede encontrar entre el Anderson de las “Comunidades imaginadas” y el Ernst Gellner de “Naciones y nacionalismos”, en el primer caso Anderson trabaja con la imaginación de una comunidad a través de un texto, el texto nos imagina como comunidad. Haciendo una reconstrucción, Gellner entrara ya no sobre “que es lo que nos imagina” como esas identidades imaginadas a través del texto, sino además “quien nos imagina” poniéndole sujeto social y autor al texto, Gellner habla entonces de la clerecía o de aquel segmento de las sociedades que controlan la producción intelectual y su reproducción social, la clerecía era capaz de imaginarnos a través de un texto, pero le pone una determinación material: que exista un sector dentro de la sociedad que sea capaz de relatar a la comunidad: profesores, el clero, sectores que trabajan con el conocimiento. Hasta ahí llega Gellner, obviamente no podemos inventar comunidades como quien hace una mesa, por eso llegados a este punto la forma en que la “clerecía y el texto” imaginaran a la comunidad pasa a la esfera política y ahí depende de su inserción cultural y política como imaginario, o sea su capacidad hegemónica y posibilidad de dominación. De ahí en adelante el sujeto es parte de la explicación histórica.

La hegemonía histórica que no es una verdad científica o una mera interpretación o relato posmoderno que se saca la culpa escondiéndose detrás de la idea de que es una pura opinión, nos lleva al problema del poder y de la política haciéndonos asumir las responsabilidades que tienen los intelectuales en la formación de los imaginarios culturales hacia dentro de nuestra sociedad y hacia fuera en la visión de los otros. Todos los relatos tiene la posibilidad de hacerse hegemónicos y vincularse con el poder, mas allá de que sean o no científicos y cuando asumimos eso aparece la responsabilidad del intelectual. Por eso la antropología tiene un gatopardo en la construcción de los textos y de los otros “todo cambia para que nada cambie”.

Bibliografía:

1. Antonio Gramsci, El materialismo histórico y la filosofia de Benedetto Croce, editorial Juan Pablos, 1975, México.

2. Antonio Gramsci, Los intelectuales y la organización de la cultura, editorial Juan Pablos, 1975, México.

3. Benedict Anderson, Comunidades imaginadas: reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, FCE, 1991, México.

4. C. Geertz, J. Clifford y otros, El surgimiento de la antropología posmoderna, editorial Gedisa, 1992, Barcelona.

5. Ernst Gellner, Naciones y nacionalismos, editorial Patria, 1983, México.

6. Herbert Marcusse, El hombre Unidimensional: ensayo sobre la ideología de las sociedad industrial avanzada, editorial Joaquín Mortiz, 1968, México.

7. James Clifford, Los dilemas de la cultura: antropología, literatura y arte en la perspectiva posmoderna, editorial Gedisa, 1995, Barcelona.

8. Jorge Larrain, Identidad Chilena, Lom, 2001, Chile.

9. Jorge Larrain, Modernidad, razón en identidad en América Latina, editorial Andrés Bello, 1997, Chile.

10. Laclau, Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista, editorial siglo XXI, 1985, México.

11. Marc Auge, Los No lugares: espacios del anonimato, editorial Gedisa, 1996, Barcelona.

12. Michael Taussig, Un gigante en convulsiones: el mundo humano como sistema nervioso en emergencia permanente, editorial Gedisa, 1995, Barcelona.

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One comment

  1. HOLA, este texto no tiene autor, quien lo escribe, ¿cómo se puede citar?. gracias por la respuesta.



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