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Discurso licenciatura antropólogos sociales universidad de chile 2007

febrero 3, 2008

 

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Sr. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales

Sres. Profesores del Departamento de Antropología

Queridos alumnos, y hoy, futuros colegas:

Nunca, aunque muchos lo pondrán en duda, fui bueno para hablar en público, ni para monopolizar la palabra. Pero me ha tocado hoy, darles el saludo de parte de los profesores de antropología social, a esta generación que inicia su camino de salida de la Universidad. Es en estos momentos finales, el instante en que podemos hacer balances de varios años en la Universidad, por lo menos en su formación de pregrado. Hoy podemos mirarnos y decir efectivamente: nosotros los de entonces ya no somos los mismos. Muchas cosas han pasado, a nivel colectivo y personal. Y quizás esta ceremonia es el signo más patente de estos cambios.

Debo decir que tengo dos orgullos durante esta ceremonia: el primero es la ceremonia misma, la cual comenzó en el año 2003, y fue mi generación la que la inicio. Nunca esperamos que se transmitiera y que otras generaciones asumieran la responsabilidad de realizarla. Nosotros los estudiosos de los rituales, que habíamos teorizado sobre su importancia, de cómo marcan los pasos y etapas en las trayectorias de los individuos, éramos incapaces de poder dar cuenta de la salida de los alumnos, al momento de comenzar su retiro de la Universidad. El segundo orgullo es el hecho de que es este curso, uno de los primeros que vi pasar como profesor, con los cuales trazamos amistad y compartimos mucho más allá de la relación alumno- profesor. Haciendo universidad desde y hacia el aula, la cual fue un espacio abierto a la exploración del pensamiento, muchas veces comentando el exterior de la sala de clases, costumbre que al parecer se había perdido con el tiempo.

En nuestra ceremonia nos leyeron “El etnógrafo” de Borges, desde una posición romántica de la antropología social, en ese instante sólo me pareció un detalle literario, una forma de evocar el otro lado de la antropología social: el antropólogo de terreno. Sólo hoy puedo observar la totalidad a la que pertenecía aquel detalle literario. Y claro, estaba en conexión con una antropología social bastante profunda, que temátizo muchas veces el problema de la disciplina desde las formas narrativas y estéticas. Este modo de entender la antropología social es mucho más que sólo un desborde poético, sino que esta conectado con las formas predominantes de la antropología social durante los años noventa. Estos modos de hacer antropología hoy comienzan a perder su predominio, ante la emergencia de nuevas inquietudes por parte de los alumnos, y subrayo esto, porque son los alumnos los llamados a abrir nuevos senderos y construir la nueva antropología social. Las formas narrativas de exploración de la tarea del etnógrafo, me parece que responden a una contra tendencia propia de los años noventa en respuesta a un fenómeno de más antigua data, y hoy este discurso intentara hacer emerger esta condición y tratara de mostrar el papel que esta generación que se nos va, tiene en la dilucidación del como entender la nueva antropología social, que creo esta naciendo en la Universidad de Chile.

Un problema de los años ochenta para las ciencias sociales era la imposibilidad de delimitación entre ciencia y política: la lectura política abarco todos los espacios sociales, desde el colectivo como en las evaluaciones de las políticas aplicadas durante el periodo, hasta los personales, al punto de dirigir los gustos de las personas, como el caso del mismo Borges. Un militantismo radical como respuesta a la dictadura militar domino las ciencias sociales, donde estas se examinaban desde una totalidad maniquea donde coincidía lo bueno, bello y veraz, y por defecto lo malo, feo y falso. La radicalidad militante fue opacando la reflexión sobre las formas de entender el país, y los roles personales y/o colectivos en la situación nacional. Al mismo tiempo fue oscureciendo uno de los papeles de los cientistas sociales que se involucran en política: los análisis con pretensión de objetividad, o de manera reflexiva diríamos hoy, análisis con sentido crítico y auto-amenazante. La revista Análisis en los años ochenta, decía por ahí, que ningún artículo de ningún cientista social que se precie, debía olvidar la ecuación lineal de los conceptos: dictadura militar, tejido social, desobediencia civil y régimen democrático. Nadie puede culpar a nadie por este fenómeno, mucha gente entrego su vida y se jugo mucho más que la carrera en una lucha donde podríamos destacar algunos ejemplos ejemplares. Aunque con la “virtud radical” hoy debemos tener más cuidado, sobre todo cuando destacamos ejemplos totales de sujetos puros ya que caemos otra vez en maniqueísmos. La historia nos ha demostrado más de una vez, que los sujetos son sólo eso, personas que en un momento de su vida hacen emerger todas sus capacidades individuales en pro de un proyecto colectivo, involucrándose en los procesos sociales macro. Claramente los resultados no son iguales al proyecto, ya que siempre hay más de un actor en política. No debemos hoy, teniendo en cuenta a los héroes, exigir trayectorias puras, sin contradicciones, como coherencias radicales de toda una vida. Esa exigencia de identidades puras, no deja ver a los hombres detrás de los héroes, y tiene el tinte religioso de siempre, por medio de la búsqueda de la pureza y la uniformidad, en algún santo grial o ciudad de los cesares.

Los noventa, comenzaron de alguna forma como una relajación de la política militante de los años ochenta, donde las ciencias sociales estaban atrapadas en este extremo militantismo. La liberación de la imaginación, mucha veces artística, se introdujo de contrabando en las ciencias sociales, los desarrollos teóricos de los años setenta y ochenta en los países centrales, inundaron las ciencias sociales latinoamericanas, como una liberación de la reja de hierro del militantismo y al mismo tiempo pudieron relevar a los individuos frente a la colectividad. Y apareció la teorización corta de los “rizomas”, la asfixiante y latosa “descripción densa”, o los extraños conceptos blandos-metáforas como modernidades liquidas, identidades sinuosas, transterritorializaciones, tribus urbanas, espejismos, globalización y demases. Pero esto que podría haber recuperado cierto status científico o por lo menos analítico de las categorías de las ciencias sociales, fue otra vez blanco del desborde, una vez más religioso, donde emergieron otros militantismos, como el que pudimos observar en el ultimo congreso de antropología social, ya que unido a estos conceptos emergió una nueva ortodoxia: el militantismo metodológico.

El militantismo metodológico, destaca que existen metodologías privilegiadas, como un fondo aproblemático de la labor de los antropólogos sociales. Estos modos privilegiados y unívocos de acercarse al objeto, se basaron en un conocimiento más “democrático”, como el que se puede resumir en la que es ya una frase cliché: co-construido o dialógico. El ataque a la época anterior, son consideraciones de este tipo: el científico autoritario, el investigador invasivo, la encuesta reduciendo a números a las personas, la impersonalidad de los modelos, la frialdad de las correlaciones. Como si las entrevistas en profundidad fueran menos invasivas, la utilización de vínculos menos impersonales y los grupos de discusión con galletas y café menos artificiales. Al final, se llego a la conclusión de que era imposible acercarse al otro, por lo tanto sólo se podía dar cuenta de la relación del investigador, otra vez co-construyendo dialógicamente el relato sobre el otro, al cual debemos distinguir del conocimiento del otro. Así, derivo la investigación sociocultural, en poesía y construcciones literarias. Al final de cuentas, militantes de una técnica ante el vacío que había dejado el colectivismo de los años ochenta. Todo había sido superado, los viejos relatos, los viejos modos; incluso las tibias aportaciones a la teoría desde Latinoamérica. La llamada “posmodernidad” modernamente renegaba de su pasado, al igual que lo hizo la modernidad con el mundo medieval, sólo que ahora no había ningún animo exultante que no fuera la militancia metodológica, cierto humanismo pesimista y sofisticadas construcciones epistemológicas sin muchos resultados teóricos. No debes pensar debes sentir, no debes explicar debes describir, no debes combinar, debes ser puro. Lo mismo de antes, pero sin el antes. Un nuevo maniqueísmo, alimentado muchas veces por el rechazo visceral y por la simple ignorancia.

Todo esto lleno de desidia las aulas, de desesperanzas a los alumnos y de redundancia en los profesores. Más que argumentos, resultaron posiciones que no encuentran otro asidero que el hecho de que las pronuncia una persona, como si el error no existiera; nada fue sometible a la crítica: “esta es mi visión y no tienes porque compartirla” del punto de vista normativo, o desde la epistemología “esta es mi experiencia y no tienes como compartirla”, resultando un problema técnico. Esto significo el fin de la discusión, esta vez por simple desidia, se acabo la posibilidad incluso de poder conversar: dos soliloquios no son una conversación, como dos diarios no hacen opinión pública, como dos partidos o coaliciones no hacen un sistema político. Y así, se profundizo la individualización, se alejaron los sentidos de lo público y se adelgazo la política. Al mismo tiempo la ciencia social se perdió entre los detalles literarios y estéticos. Los grandes temas en dos volúmenes, como dice un poeta del Uruguay, se perdieron dentro del anaquel de las bibliotecas empolvadas y circulares.

Pero algo comenzó a pasar iniciando el siglo XXI. Un tímido rumor apareció en las aulas, surgieron conversaciones que salieron de los lugares comunes, los alumnos comenzaron a enfrentarse con los profesores y entre si, se armaron revistas y coloquios, surgieron posiciones que no se escudaron en su validez automática y la argumentación volvió a surgir. Y buscaron hacia los lados y en el pasado, la necesidad de rigurosidad conceptual, de no aceptar las cosas tal como venían, dieron nuevos aires a la universidad, la cual se vio en la obligación de intentar ser eso otra vez: una universidad. Se criticó la simbólica redundante que remite a si misma, auto fundada, que no representa nada. Se comenzaron a sacar libros que no salían de la biblioteca desde los años ochentas. Algo cambio, comenzaron a exigirse nuevos y viejos cursos, la vanguardia artística fue criticada, y la vuelta científica muchas veces rayo en el positivismo, como contra tendencia otra vez a los noventa. Al mismo tiempo, la facultad comenzó un proceso de re coordinación, como un signo de los tiempos, que se alineo con los alumnos necesarios para recomenzar. Un aire de refundación anduvo estos años en la facultad, y esto resulta importante, porque los alumnos se unieron a las autoridades en la transformación de la facultad, oponiéndose a los feudos de las instituciones medias y las parcelas con patrón y capataz de los proyectos. Una extraña alianza que sólo puede tener sentido cuando estos actores comparten la idea de hacer universidad.

Todos estos elementos resultan fundamentales en esta exposición, porque fueron sus hijos quienes han cambiado y aportado a esta escuela, y estando en una posición desigual con los profesores, unieron fuerzas para comenzar el lento proceso de la transformación. Son ellos quienes ejerciendo sus capacidades y a veces sin mucha dirección han reinventado esta facultad. Son ellos, quienes hacen posible esta ceremonia, y al mismo tiempo, esta disertación.

Y no podía ser de otra forma, y al mismo tiempo resulta obvio. Un acuerdo de los investigadores en educación es que el “efecto escuela” se ha aminorado con el tiempo, resultando ser más importante en los resultados académicos el capital cultural heredado que el capital cultural adquirido. Por lo tanto puedo asumir, sin temor a equivocarme, que gran parte de las capacidades que pusieron en práctica, gran parte de los vacíos que fueron notando, gran parte de las críticas que fueron haciendo: salieron de compartir discusiones y conversaciones en sus hogares y en sus entornos más directos. Son esos elementos los que hicieron la diferencia con las generaciones anteriores entre las cuales me cuento. Con ustedes, se fueron forjando, y hoy pueden y deben estar, al igual que yo, orgullosos. Algo se sembró en buena tierra.

Hoy creo que comienza una antropología social que no esta atrapada metodológica ni temáticamente, aunque quedan muchos escollos en el camino. Sobretodo por el conservadurismo tan típico de los mismos antropólogos y el intento constante de definirse por medio de categorías como la identidad, la cual se autoaplican, tratando de resolver escolásticamente su condición en la sociedad moderna. Esta generación, hasta donde los conozco, se abrirá paso en nuevas temáticas abriendo el espacio teórico y metodológico, y no la simple repetición ad infinitum. Será una generación contaminada, y esa es una gran metáfora categoría, para el horror de los puristas religiosos. Porque esto implicara que la antropología social tendrá que cambiar obligadamente, generando procesos de reflexividad, entre la academia y el mundo laboral, dos mundos que a todas luces muestran un abismo que resulta hoy preocupante. Este abismo deberá ser tematizado en su momento y volverlo objeto de problematización. La nueva antropología social, estará definida por medio del trabajo efectivo de los antropólogos y la academia no podrá rechazarlos en base a su purismo de sociedad científica decimonónica o su militantismo metodológico. Esa es una de las discusiones que viene para la antropología social en la Universidad de Chile. Con esto quiero decir que: los echaremos mucho de menos como alumnos, pero esperamos contar con ustedes como colegas. Por ultimo recordar a Gabriel Celaya, poeta español, que nos decía:

Nosotros somos quienes somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.

Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.

¡Felicitaciones Egresados 2007!

Santiago de Chile, a pocos días del verano.

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2 comentarios

  1. Increible, sin duda decir “nosotros los de entonces, ya no somos los mismos” implica un cambio…que como todo cambio duele, es complicado el contexto social para estudios humanistas, la complejidad es cada vez mas asfixiante, pero tambien más apasionante, despues de todo como diria Borges “en toda historia los protagonistas son miles, visibles e invisibles, vivos y muertos”, y para nosotros los que nos embriagamos en lo sorprendente que es la cultura, la sociedad y el ser humano, pareciera que todo se complejiza un poco más cada día…

    Un gran abrazo, y lo mejor para todos en su nueva existencia..*


  2. Somehow i missed the point. Probably lost in translation 🙂 Anyway … nice blog to visit.

    cheers, Parapet



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