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Las dinámicas local – central en los partidos políticos chilenos: a propósito de la última elección municipal

enero 5, 2009

Las dinámicas local – central en los partidos políticos chilenos: a propósito de la última elección municipal

Andrés Aedo Henríquez

 

Resumen/ abstract:

El trabajo trata de mostrar las consecuencias que ha tenido los procesos de elecciones binominales sobre las dinámicas de las relaciones entre lo local y el nivel central, elemento que a la luz de las últimas elecciones municipales, adquirió una condición donde la banca rota de las coaliciones partidarias que gobiernan Chile, no podía ser más patente. Este trabajo argumentara que la legitimidad es un elemento central para el sistema político y que es perfectamente posible oponer como relación el control por legitimidad de los partidos de control por capacidad sistémica, elementos ambos que se interrelacionan dando cuenta del sistema político actual. Se evitaran expresamente las citas, ya que no se trata de generar legitimidad sobre lo que ha dicho uno u otro autor, sino de pensar con el utillaje conceptual que se posee para dar cuenta de fenómenos relevantes para una sociología del Estado y por lo tanto del sistema político. 

 

 

“Toda afirmación de la vida es una búsqueda de continuidad dentro de lo discontinuo.

La constitución del ser en la discontinuidad determina la vida social”

Norbert Lechner. La conflictiva y nunca acabada construcción del orden deseado.

 

Introducción:

Se suponía que esta ultima elección seria paradigmática, en el sentido que cambiaría la faz de la política chilena, hacia nuevas formas de distribución de las preferencias políticas de los chilenos, teniendo como indicador el voto; los resultados eran esperados por todos los partidos para ser sus cálculos presidenciales y parlamentarios, por ejemplo una muy votación para la democracia cristiana implicaba capacidad de ejercer presión sobre su coalición y lanzar la -frustrada hoy- candidatura de Soledad Alvear; al mismo tiempo la Unión demócrata independiente tenia la misma esperanza frente a Sebastián Piñera, hoy candidato indiscutible, pero no indiscutido de la derecha nacional. Sin embargo, a la luz de una primera impresión, este efecto de formas de distribución de los votos, entre los dos grandes conglomerados políticos, a saber “Alianza por Chile” y “Concertación”, debe ser matizado; las exultantes declaraciones de los políticos de la “Alianza”, y las más dudosas de la “Concertación”, esconden un elemento para ambos conglomerados, por lo demás complejo, sobre todo para la “Concertación”, la cual tuvo en esta elección prácticas políticas que están reñidas de manera más potente con la hipótesis que propondremos. La hipótesis que propondremos, respecto a las elecciones tiene que ver con las formas en que el sistema de partidos actuales se configura. Esta configuración se basa en un tipo de redes, sobre las cuales se esta o incluido o excluido; no hay términos medios con las redes. Bajo cualquier tipo de formas que tomen las redes, en estas emergen nodos, los cuales logran controlar las redes. Entendiendo control como la capacidad de: dirección y selección; elementos que resultan fundamentales a la hora de poder reproducir los sistemas.

 

La hipótesis se basa en que desde el año 2004, penúltima elección municipal, se comenzó a gestar un nuevo sistema o nodo, dentro de la red del sistema político; el cual es el regionalismo o localismo. Este nuevo nodo, si bien se presenta con fuerza dentro de las municipales, es minimizado para las elecciones de tipo presidencial. Pero como trataremos de argumentar, resulta un elemento que sirve de pivote para las aspiraciones de los partidos políticos y sus alianzas; en la medida que tiene capacidad de control sobre el nivel local. Básicamente lo que planteamos, es que dentro del sistema partidos lo que eran dos fenómenos de distinto nivel de emergencia sistémica, han tendido a igualarse en su capacidad de expansión; por la misma dinámica excluyente del nodo central del sistema de partidos. No por casualidad se formo un partido con un nombre tan elocuente como PRI, Partido regionalista de los independientes. 

El problema y los datos del problema: 

 

El siguiente gráfico es la base del problema, en el podemos observar como las relaciones de las dos principales coaliciones políticas del país. Donde el alza de la derecha o “Alianza por Chile”, tiende a subir pero no sólo en las últimas elecciones, sino que desde el año 2000 mantiene esa alza. Al mismo tiempo, vemos como la “Concertación de partidos por la democracia” resulta el gran perdedor desde el año 1996, desde donde pasó de 56% a 38% en la última elección presidencial. Esto nos muestra que no hay traspaso de votos entre coaliciones como efecto mecánico de traslado de preferencias. Al seguir las votaciones de los grupos fuera de las alianzas principales, vemos que ni lo que seria actualmente el pacto “Juntos podemos más” ni los partidos satélites de la “Concertación” ni de la “Alianza”, como el nuevo PRI que alcanzo es su estreno el 4% o el partido de Centro- Centro del empresario Francisco Javier Errázuriz que en su estreno llego al 8%, han aumentado de manera significativa sus votaciones. El único grupo que sube de manera sostenida en las dos últimas elecciones, es el grupo de “independientes fuera de pacto”. El cual dio muestras su fortaleza, en el paradigmático resultado de la Municipalidad de Talcahuano, donde un independiente apoyado por un senador de la Concertación hizo perder la elección al candidato seleccionado desde la coalición de gobierno. La pregunta sociológica que resulta de esto es claramente: ¿Si estos resultados municipales son ampliables a las votaciones de nivel nacional? Para lo cual, debemos necesariamente pasar, por otras preguntas como: ¿Quienes son estos independientes? ¿Su condición de independientes les impide la posibilidad de ser un sistema? ¿Cual es su relevancia para el sistema general de partidos? Y ¿Cual es la dinámica que da cuenta de su emergencia y alza en las votaciones? Ya que pasan de ser el 2% al 10% en el periodo de Gobierno de la Concertación, con dos sostenidas votaciones el año 2004 y 2008 de 10% del total de votos para alcaldes. 

Los problemas de conceptos:

Hemos utilizado la noción de sistemas, redes y nodos; además la de control. Por lo tanto, debemos dar cuenta de que entendemos por estos conceptos y porque elegir estos conceptos para dar cuenta de nuestra hipótesis. Comenzaremos con la noción de redes. Las redes sociales pueden ser concebidas como un conjunto de vínculos sociales egocentrados, primarios y secundarios, los cuales pueden ser utilizados como capital (puesto en inversión), movilizando recursos y oportunidades de recursos. Los nodos podemos entenderlos como concentraciones de estos recursos y oportunidades de recursos, que permiten a “ego” tener capacidades sobre la determinación de los vínculos sociales que pondrá a jugar en las relaciones entre las redes. La noción de control se deriva de estas condiciones, y podemos entenderla como capacidad de orientación y selección de los vínculos sociales, así quienes tengan ubicaciones en los nodos como concentraciones de recursos y oportunidades de recursos en las redes, tienen mayor capacidad de control sobre las distribuciones en las redes. Un último concepto es el de sistema, en el momento en que los nodos concentran elementos y relaciones entre elementos, podemos hablar de un sistema que le da la estabilidad a los nodos, alcanzado cierta condición de identidad consigo mismo. Un elemento central, es que los sistemas en las modernas conceptualizaciones como en Niklas Luhmann, pueden ser de tres tipos: interaccionales, organizacionales y funcionales. Los primeros remiten a la consideración de sistemas que se forman entre dos o más personas, por vía de la comunicación directa. Los segundo tienen un nivel distinto, ya que alcanzan a ser formas intitucionalizadas de interacciones que remiten a la condición de ser más estables y ponen en juego a un conjunto de interacciones regulares con fines definidos y no abiertos a la comunicación interpersonal. El tercero es la idea de sistema funcional, como un conjunto de sistemas organizacionales que se ajustan e intercambian entre si, dándole una condición de comunicaciones definidas con un fin preciso para la sociedad. Obviamente, es necesario introducir la noción de propiedades emergentes y de acople estructural, el primer se refiere a las condiciones de organización más compleja y nivel superior entre sistemas, por medio de esa misma organización. Donde las formas más complejas emergen por auto-organización de las más simples, y tienen condicionamientos sobre las más simples, sin poder y esa es su constricción, jamás poder ser más complejo sin tener los elementos simples. Los acoples estructurales son las relaciones entre sistemas, tanto simples como complejos. Así, una referencia al sistema político, implica comunicaciones referidas al ejercicio del poder por parte de organizaciones como el Estado y la sociedad civil, con mediaciones como los partidos políticos, en los cuales se generan comunicaciones específicas entre las personas. Entonces, dependerá del tipo de comunicación, de su grado de especificidad y de su capacidad de reproducción de esa comunicación específica, lo que hará que podamos tematizar a que sistema estamos haciendo referencia. 

Un elemento relevante, es que los sistemas “reales” solo son las personas y los sistema organizacionales, los sistemas funcionales, aunque específicos, son abstractos, y nos sirven para poder referir las comunicaciones y las especificad de estas en acciones, como puntos de referencia al tematizar a la sociedad. La sociología, entonces es la que se encarga de dar cuenta de estas condiciones funcionales de la sociedad, tematizando su emergencia y coordinación. El sistema político, es el sistema que refiere al ejercicio del poder, como capacidad de articulación de decisiones colectivamente relevantes, dando cuenta de la coordinación colectiva, empujando las normas sociales por mecanismos distintos a la integración moral de los valores. Recordarmos que para Parsons, en su esquema AGIL, el gran papel o función del sistema político es la de otorgar dirección al resto de los sistemas que componen el sistema social. Un punto elemental, es que para que puedan ser colectivamente relevantes para los individuos, las decisiones del sistema político, se deben alimentar de alguna forma de prestación frente a otros sistemas, lo colectivamente relevante se define como sea en base al sentido que logre construir en base sus comunicaciones. Así, estas comunicaciones para ser colectivamente relevantes deben pasar por el filtro de su legitimidad, la cual es un resultado de las comunicaciones que genera hacia el sistema social. Así, el sistema político se juega en sus orientaciones y en sus procedimientos para generar estas orientaciones, en la condición de que sean legítimas. De esta forma, si el sistema político en general, puede ser caracterizado en base a distinción poder/ no poder, la condición del poder se debe a un nuevo código que es el legitimo/ no legitimo. De esta forma, coincide el hecho de que las decisiones colectivamente relevantes se basan en que exista poder y este ultimo en que sean legítimos.  Este elemento es relevante en la medida que la condición de poder/no poder no permite ingresos al poder, el concepto de legitimidad nos permite ingresar al juego político, ya que no trabaja con códigos simples y plenamente excluyentes. Con estos tres elementos podemos ya lanzarnos a inspeccionar nuestro caso que es el problema de los independientes dentro de las ultimas elecciones municipales, las cuales en principio generaron gran nivel de incertidumbre dentro del sistema político, porque es improbable que los fuera de pacto alcanzaran tan nivel de votación. 

Estado, política y partidos: 

Las condiciones del sistema político chileno las daremos por sabidas, como un sistema de representació por votación popular, de tipo binominal: donde hay dos candidatos elegidos por circunscripción, en los cuales se eligen las primeras mayorías de cada pacto con mayores cantidades de votos. Esto hace que los candidatos no compitan con los candidatos de otros pactos, sino que en principio compitan entre ellos por ser el candidato más votado dentro del pacto. Este sistema rigió las elecciones municipales hasta hace no mucho tiempo, para luego ser transformado a elecciones abiertas sin amarres del tipo binominal, por lo menos para de alcaldes, ya que los concejales siguen la misma tónica. Estos hace que: 1) las interpretaciones sobre los pactos más votados sobre los concejales se presten a efectos binominales, donde no se sigue que el pacto más votado sea el más legitimo; 2) que tener la mayoría de los alcaldes tampoco signifique un cambio sustancial, ya que la condición de localía impide hacer cálculos de legitimidad mayores, 3) que los independientes tengan mayores posibilidades de captar votación dentro de las elecciones a alcaldes  y menos en las de concejales.  Con todo esto, ocurre que si miramos los datos, efectivamente los independientes suben su votación, pero ninguno de los dos pactos principales las aumenta significativamente. Y de hecho, más bien sobre todo el pacto concertación pierda votos, las cuales no se pueden imputar a la irrupción de otros pactos, ya que el pacto “juntos podemos” mantiene votación y el partido PRI si bien alcanza una votación no esperada, no alcanza a dañar la votación del pacto concertación, ya que la declinación de esta es anterior. 

 

Un punto central es que las elecciones municipales, por definición deben ser interpretadas en base a las condiciones locales, pero en articulación con los niveles nacionales del sistema de partidos políticos. Aquí comienzan los corolarios: 1) para que un partido cuente con votos dentro de una comuna debe articularse con el nivel local; esto es: generar militancia o articularse con líderes locales 2) para que alguien del nivel local adquiera recursos con los cuales solventar la campaña debe articularse de los niveles nacionales; 3) si un independiente obtiene buenas votaciones, es que esta articulado con el nivel nacional; 4) los desacoples entre los niveles nacionales y el independiente, solo puede favorecer al independiente, ya que controla los nodos locales de gestión de recursos sociales. Y esto vale, incluso si es que el dirigente local es o no militante de los partidos, ya que tiene en su condición de dirigente local grados de control sobre el proceso de votación. Nótese que con esto, la posible idea de votos-castigo no tiene mucho sentido, que no sea un conflicto local frente a las posibilidades nacionales. Quizás el caso emblemático  sea el caso de la VIII región, donde se desdibujó la solidez de la articulación entre lo local y lo nacional por medio de los conglomerados de partidos. Con esto queremos decir, que un partido o conglomerado de partidos, puede elegir entre sus militantes locales a quien apoyar o llegar a ajustes estructurales con líderes locales, con tendencia hacia esos partidos; donde se produce una relación sinérgica entre ellos, ambos ganan. Pero si la relación resulta más tensa, ambos no tienen las mismas posibilidades de obtener óptimos, ya que el partido articulara a alguien que no posee el capital social local suficiente pero si la venia de los partidos; en cambio los que no poseen la venia de los partidos pueden poseer el capital social. 

 

De esta forma, resulta paradójico que cuando apelamos a la relación entre nivel central y nivel local, el nivel local posee una propiedad emergente, con tendencia a autonomizarse del nivel central, llevándolo a un proceso de clientelismo político. Y esto, solo puede entenderse por la dinámica de las relaciones de los partidos en el poder frente a sus militantes. El resto del trabajo, tratara de argumentar como las dinámicas de los partidos frente al proceso de captación de votos, ha hecho que emergen propiedades especificas en los niveles locales, lo cual tiene efectos relevantes sobre el modo de entender la política en Chile. El primero de esos efectos es la desideologización de la política, el segundo su pragmatización como horizonte de sentido, el tercero el control central de las elecciones y cuarto la emergencia de una estructura más compleja dentro del sistema político. 

Modelando relaciones para entender el sistema político nacional

 

El sistema político chileno tiene ya una historia, la cual se ha basado en el sistema binominal, si bien se puede decir que este sistema ya no opera en las elecciones de alcaldes. Debemos distinguir entre las dinámicas sociales y las condiciones jurídicas, las últimas habrían cambiado, pero las primeras permanecen como practicas políticas sobre las cuales se construyo el nuevo sistema político desde la constitución del 80. O sea nuevamente, no se puede orientar la sociedad por decreto, ya que esta tiene sus propias condiciones de las cuales el sistema jurídico es uno de sus productos. El primer efecto del cual hablamos es la perdida de ideología de los partidos, los cuales si bien se orientan por medio del poder, obtener o mantener el poder; el sistema binominal los orienta a tener la necesidad de competir con sus propios socios de pacto. Lo que hace que la coalición deba tener candidatos fuertes y candidatos débiles, dentro de una misma circunscripción; lo cual se realiza en la negociación dentro de los pactos, por medio de los candidatos de los partidos. Así, son los partidos quienes definen dentro de los pactos, a quienes van a apoyar con la maquinaria partidaria y a quienes van a sacrificar. Esto hace que no se pueda jugar las cartas ideológicas por medio de los pactos, ya que basta con que el otro pacto alcance la segunda votación, para que su candidato salga electo. De esta forma, la elección tiene una consideración extra ideológica, tanto desde las propuestas de candidatos como desde los votantes, ya que invertir en programas e ideas no tiene rendimientos en las votaciones. Al mismo tiempo, se puede entender que las coaliciones tienen el control de la elección, ya que pueden seleccionar a los candidatos y poner restricciones sobre las elecciones de los electores.

 

De esta manera, sucede el segundo efecto, que va de acorde a la pérdida de las ideologías, como modo de diferenciación política. Este efecto corre paralelo, que es un pragmatismo respecto a las votaciones, simplemente se elegirá al candidato mejor posicionado y muchas veces no será necesario – ya que puede blindarlo -lo cual es no presentar candidatos alternos dentro del mismo pacto. Así, las encuestas elegirán al candidato o lo harán los pactos dentro de sus dinámicas internas, poniendo candidatos dentro de circunscripciones donde no necesariamente tienen vínculos directos, ya que basta la condición de control sistémico que ejercen los pactos. Sobre la cual connotamos el tercer efecto del sistema político chileno. Con esto, los sistemas de coaliciones de partidos, tienen -si se acepta- el sartén por el mango. Son capaces de orientar y seleccionar a sus candidatos, de esta forma, podemos ver que ejercen sus propiedades estructurales autónomas respecto del medio local. De esta manera, el problema de la llegada a los niveles locales se coordina por medio de las militancias no necesariamente locales; las cuales no requieren tener llegada local, si no hasta el momento mismo de las elecciones. 

 

 

Ahora el elemento de autonomización del sistema de coaliciones respecto a los resultados de las elecciones, tiene que ver directamente con la condición de que los partidos no requieran renovar su militancia, ya que no se juega en ese punto ningún elemento que les aporte poder. Entonces, lo que ocurre es que al no renovar a sus cuadros, deberá el sistema de coaliciones captar a los lideres locales, con lo que establece relaciones ya no basadas en las condiciones sistémicas de pertenencia a un mismo sistema organizacional como un partido político, sino a simples intercambios de prestaciones: legitimidad vía votos para la coalición por recursos económicos y políticos para el candidato local. Así, nótese que se las posibilidades de tener capacidad de “ordenar la casa”  son bajas, con lo que los famosos díscolos se pueden multiplicar, generando gran desorden dentro de los partidos. Este modelo es que el denominamos “modelo de captación local”. Ahora esta condición de intercambio de prestaciones como forma del ajuste estructural se podría haber mantenido; pero cambiaron algunas condiciones. 

El punto de inflexión se generó en la penúltima elección municipal, en la cual se dio cuenta de un sistema no binominal para la elección de los alcaldes. Donde las posibilidades de la elección de los candidatos se ampliaron, más allá del equilibrio de Nash que caracterizaba al ajuste partidario intra pactos, que tenían los pactos mayoritarios. Así, cuando se abren las posibilidades, alcaldes que no tenían la venia de sus partidos o de los pactos, para seguir siendo candidatos, podían tener la capacidad de poder ser electos; sin necesidad de la maquinaria partidaria. Con esto ha ocurrido un hecho fundamental, que es que los partidos han perdido la capacidad de control sobre las elecciones, ya que el proceso de capital social generado por los alcaldes que ya no cuentan con la venias partidarias puede ser puesto a invertirse en nuevas elecciones; la cual ya no tiene formas de generar viabilidad sistémica sino meramente personal. De esta forma, los poderes personales, dentro de las estructuras de relaciones pueden tener capacidad de control sobre las elecciones. Con esto se puede entender lo siguiente, las relaciones que se establecen entre el nivel local y el central, dejan de simple selección hacia arriba o hacia abajo, demás esta decir que en el modelo de captación local, los lideres locales ganan capacidad de selección sobre cualquiera de los pactos electorales. 

El problema, surge cuando ahora pueden competir con los pactos, donde la binominalidad deja de tener el efecto de control que antes tenia. Con lo que la emergencia de una nueva organización de las relaciones políticas entre el nivel local y el nivel central se puede probabilizar. Cuando hemos podido avanzar, sobre las condiciones de posibilidad de aquello que decíamos que emergía, debemos ahora dar cuenta de sus consecuencias. El modelo de emergencia de los niveles locales, tiene como base el hecho de que dentro del mismo nivel de emergencia, se encuentran los líderes locales frente a los candidatos directamente militantes como los de captación local. Con esto, ocurre que por lo menos dentro de un espacio personas, partidos y coaliciones de partidos, pueden jugar con las mismas reglas y curiosamente es posible que con las mismas probabilidades. Ahora, nótese que los líderes locales, tendrán mayor capacidad de negociar, con lo que las relaciones que se darán solo volverán a favorecer a los líderes locales, muchas veces con un alto costo para las coaliciones de partidos. Ese costo será, una tendencia al desorden en términos de las comunicaciones con las cuales se enlazan con el resto de los sistemas sociales, y la solidifación de los caudillajes internos con la seguidilla se perdida de capacidad de coordinación y la obvia multiplicación de casos de corrupción; esto ya que las propiedades personales de cada miembro de los partidos como militantes o simpatizantes de estos, se han agrandado por lo que las posibles capacidades de los partidos de ejercer control sobre ellos son mínimas. Resulta muy interesante, como corolario de este ensayo, el hecho de que la perdida de legitimidad de los partidos binominales en las elecciones binominales, pueda tener como consecuencia que los partidos se vuelvan aun más ilegítimos frente a la sociedad que les fue comunicando que sus condiciones de reproducción no eran aceptables, en tanto partidos sub y sobre representados, por efectos del binominal, el cual a pesar de los cambios jurídicos seguirá ejerciendo sus influencias, ya que la estructura de relaciones entre partidos esta cargada de relaciones que orquestan prácticas políticas, en las cuales tienen el peso de su estructuración histórica a pesar de los cambios formales. Esto claramente es el escenario más complejo otra vez, porque se quedan sin fuente de poder como ya establecimos que es la legitimidad, que puedan alcanzar sus comunicaciones hacia la sociedad. 

 

 

 

Así, las condiciones de legitimidad que se les exigía por parte de los sistemas sociales, a los partidos binominales, permitió una configuración distinta de los sistemas de elecciones. Curiosamente, mientras tuvieron control de los resultados de las elecciones, seleccionando de antemano las selecciones posibles del electorado, fueron perdiendo legitimidad. Y cuando reaccionan frente a esas comunicaciones, sacrifican su control y al mismo tiempo, es posible dado el modelo planteado que puedan seguir perdiendo legitimidad. Un punto central, sobre esta propuesta, y quizás esta es la jugada estratégica, la aminoración de daños posibles por parte del sistema de partidos binominales, era más grande si seguían por la senda de la ilegitimidad, que implicada menor participación por medio del voto de parte de la ciudadanía. Entonces el punto es simple, trasladan los riesgos a dentro del sistema de partidos para no tener que asumir riesgos como sistema de partidos binominales en general. Esto puede leerse como un ajuste estructural del sistema de partidos políticos binominales, con el resto de los sistemas sociales, con lo que curiosamente por no sacrificar su forma, es capaz de sacrificar a sus partidos en tanto subsistemas del sistema general de partidos. Estrategia de reproducción de un sistema autor referido, que frente a las prestaciones que intercambia con los demás sistemas sociales, tenía tendencia a dejar de ser un sistema. Paradojas sociales de nuestra modernidad liberal vigilante, con empanadas y vino privado… con subvenciones estatales para que no sean “pequenes” y “vino de mesa”. 

 

Bibliografía:

 

Aldo Mascareño. “Teoría de sistemas para América Latina: conceptos fundamentales para la descripción de una diferenciación funcional concéntrica”. Revista Persona y Sociedad. Vol. XVII. Nº2. Agosto. Chile. 2003.

Aldo Mascareño. “Acción, estructura y emergencia en la teoría sociológica”. Revista de Sociología. Universidad de Chile. Nº 22. 2008. Chile. 

Clauss Offe. Las contradicciones del estado de Bienestar. Alianza. 1994. Madrid.

Gosta Sping Andersen. Los tres mundos del Estado de Bienestar. Alfons el Magnànim. 1993. España. 

Jon Elster. Tuercas y tornillos: una introducción a los conceptos básicos de las ciencias sociales. Gedisa. 2003. España. 

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Niklas  Luhmann. Complejidad y modernidad: de la unidad a la diferencia. Trotta. 1998. Madrid.

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Rolando García. Sistemas complejos: concepto, método y fundamentación epistemológica de la investigación interdisciplinaria. Gedisa. Barcelona. 2006.

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¿Cómo entender a un antropologo?: Una descripcion cultural de una cultura que se considera una cultura II

mayo 25, 2008
  • Caracterizando a la antropología:
  • El problema de la data siempre ha acompañado a la antropología, sobre todo en la antropologías devenida en etnografía pura, muchas veces como en el caso de algunos antropólogos norteamericanos, rechazaron las concepciones teóricas para alcanzar un canon descriptivo de las practicas indígenas, con lo que la antropología se transformó en meras recopilaciones de datos, las cuales podían ser sistematizadas trabajando en grandes catastros de datos culturales. La empiria a jugado un rol fundamental en la antropología, ya que se basa en la idea de captar el sentido de las acciones de los otros, por lo tanto trata de liberarse de sus pre-concepciones, ejercicio básicamente imposible, a través de lo cual deberían captar estos modos de distinción. Estos elementos hacen que la empiria juegue un papel fundamental en la construcción teórica de la antropología, cada nueva teoría o nueva hipótesis debe tener como fundamento una población identificable, lo que hace que no sea muy relevante la discusión teoría abstracta, ya que se discute sobre los rasgos en los nambikwara como otro, no asimilable a los modos de conceptualización occidentales sobre el hombre. Todo esto hace que se confunda los objetos de investigación, con las miradas temáticas y las poblaciones, dándole gran “complejidad” o más directamente un nivel de desorden disciplinar muy profundo, y con especializaciones tan absurdas como experto en simbología de los lapones del siglo XIX o experto en parentesco ona pre- hispánico, en el caso de la arqueología esto puede ser aun peor, ya que se le suma la zona geográfica. Esta alta especialización hace que nunca se tenga un panorama de totalidad, que nunca se use la data para construir teorías un poco más generales que las que se puede construir para “su” grupo de estudio. Al mismo tiempo, jamás discuten de lo mismo, cada principio general es cuestionado con un dato de una sociedad particular, haciendo que jamás se pueden establecer el “donde” es que se discute[1]. Esto hace obviamente que nociones como tipo ideal, uso de abstracciones, modelos o formas, tuvieran muy poco éxito, y si tuvieran éxito las observaciones directas participantes. El empirismo antropológico, llega al punto de negar la abstracción y soltar las amarras a las experiencias sensibles, con las cuales construir un relato, el cual muchas veces ralla con un simple elemento narrativo, el cual maravilló a los antropólogos de los ochenta y noventa, y hoy es considerado básicamente como un extremismo, que afectó el status científico de la antropología. El empirismo llego a tal punto que se realizaron operaciones teóricas del tono, de que la antropología es “estar ahí”, lo cual es algo así que cuando “estamos acá” no hacemos antropología; perdiéndose incluso la mirada distante de la que nos habló Levy- Strauss.

  • Relativismo cultural y sus consecuencias: Desde el empirismo radicalizado, podemos hacer notar otra característica, la cual es el relativismo cultural, efectivamente si toda sociedad o cultura, debe ser mirada como una totalidad cerrada, como un sistema auto referente, nos queda sólo propugnar en la descripción de los sistemas socioculturales discretos e históricos con un relativismo también radical. El relativismo cultural, como medida contra los intentos de reducción de la alteridad por medio del evolucionismo técnico y/o moral, hace que una cultura no pueda opinar sobre otra, al punto del derecho al aislamiento, cuando a todas luces y en todas las épocas el problema del contacto se ha ejercido por medio de la presión o la simple guerra. Así, el antropólogo, se trasforma en un militante de la nostalgia y de la protección de cierto tipo de modos de vida, haciendo de la teorización una defensa intelecto política, sin lugar a la descripción de las relaciones que todo grupo humano mantiene con los otros. Dejando de lado las perspectivas de la dominación y la hegemonía de unos modos culturales frente a los otros, y no pudiendo dar cuenta de su profundo occidentalismo propio del relativismo cultural. De esta forma, cada sociedad es una cultura, con sus medios propios de resolución de conflictos; y preguntas como el caso de la oblación como un modo cultural, quedan en un silencio sepulcral, ya que sus consideraciones culturales sobre la cultura le impiden dar cuenta de estos fenómenos. La política de la tolerancia es una política del silencio, y en el punto radical llega a la indiferencia cultural y al derecho a la diferencia.

  • Militantismo metodológico: El militantismo metodológico, destaca que existen metodologías privilegiadas, como un fondo aproblemático de la labor de los antropólogos sociales. Estos modos privilegiados y unívocos de acercarse al objeto, se basaron en un conocimiento más “democrático”, como el que se puede resumir en la que es ya una frase cliché: co-construido o dialógico. El ataque a la época anterior, son consideraciones de este tipo: el científico autoritario, el investigador invasivo, la encuesta reduciendo a números a las personas, la impersonalidad de los modelos, la frialdad de las correlaciones. Como si las entrevistas en profundidad fueran menos invasivas, la utilización de vínculos menos impersonales y los grupos de discusión con galletas y café menos artificiales. Al final, se llego a la conclusión de que era imposible acercarse al otro, por lo tanto sólo se podía dar cuenta de la relación del investigador, otra vez co-construyendo dialógicamente el relato sobre el otro, al cual debemos distinguir del conocimiento del otro. Así, derivo la investigación sociocultural, en poesía y construcciones literarias. Al final de cuentas, militantes de una técnica ante el vacío que había dejado el colectivismo de los años ochenta. Todo había sido superado, los viejos relatos, los viejos modos; incluso las tibias aportaciones a la teoría desde Latinoamérica. La llamada “posmodernidad” modernamente renegaba de su pasado, al igual que lo hizo la modernidad con el mundo medieval, sólo que ahora no había ningún animo exultante que no fuera la militancia metodológica, cierto humanismo pesimista y sofisticadas construcciones epistemológicas sin muchos resultados teóricos. No debes pensar debes sentir, no debes explicar debes describir, no debes combinar, debes ser puro. Lo mismo de antes, pero sin el antes. Un nuevo maniqueísmo, alimentado muchas veces por el rechazo visceral y por la simple ignorancia. Las decisiones metodologicas, están cargadas de normatividad y discusión política, no pudiendo distinguir entre los campos de la sociedad.


[1] El antropólogo Marvin Harris cuenta en uno de sus libros una especie de anécdota, acotando que cuando llegaba a establecer una explicación practica sobre un principio simbólico, le decían algo así como: claro, pero eso puede ser para las vacas en la India, pero que piensa ud de los rituales tanto en la cultura tanto; momento en el cual Marvin Harris decía: debe deberse a las proteínas… evento que dejaba a los antropólogos bastante desorientados.

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Movimientos o partidos: un debate “in”-necesario

mayo 24, 2008

Movimientos y partidos han resultado todo un debate dentro de los grupos de estudiantes críticos en la Universidad de Chile y en el resto de la universidades del país. De hecho han emergido grupos tan extraños que siendo partidos en tanto instituciones que tienen una visión de la política general del país y que generan representación, niegan la condición de ser un partido o falange estable ya que juegan su posibilidad de conducción en espacios altamente inestables como las asambleas. “El pueblo unido avanza sin partido” gritan por ahí.

En los movimientos estudiantiles que resultan generalmente indentificables como movimientos sociales se puede puede trabajar esta paradoja, efectivamente se movilizan por el posicionamiento de temas que los superan en nivel de emergencia, tanto en capacidad de articulación política como en un punto que resulta sensible hoy en el movimiento de la facultad de ciencias sociales, reflexividad política por medio de la memoria o aprendizaje. Entonces dos elementos institucionales les afectan a estos movimientos: capacidad política de articulación de intereses y la capacidad de aprender de las experiencias anteriores. El tiempo resulta fundamental, ya que generalmente estos movimientos sociales se levantan por unas demandas específicas que pueden proceder a la articulación de intereses pero sin consideración respecto al tiempo. Y en politica el tiempo resulta una variable fundamental, ya que los movimientos sociales sin tiempo como los movimientos estudiantiles nos les queda otra que la articulación forzada por y en el tiempo y la espera de saltos de conciencia, que es notese, la solución rápida…

La ausencia de partidos sólidos que sean capaces de articular el tiempo de los movimientos sociales a traves de la auto observacion y el aprendizaje de los errores, hacen que generalmente los movimientos sociales en este caso estudiantiles se den contra la coyuntura y no generen una coyuntura que pueda modificar las modos en que se relacionan los movimientos con los estudiantes, los estudiantes con los profesores, los profesores con las facultades y las facultades con la universidad. Sin contar con los elementos transversales de los estamentos como el CONFECH y otros. Los movimientos estudiantiles han sido conducidos por medio de colectivos que le dan alguna capacidad de generar estrategia política, generalmente por medio de las mismas recetas, pero les ha faltado efectivamente la posibilidad de posicionar y articular efectivamente las coyunturas politicas necesarias para conseguir sus objetivos. Y se enfrentan como siempre a condiciones que los superan, y tienden en ese punto a generar altos niveles de dispersión, como ultimo momento del movimiento cuando apenas puede mantenerse unido.

Simplemente, los partidos son capaces de mantenerse en el tiempo acumulando experiencia, su condición institucional los hace poder procesar estos elementos para poder generar estrategias y articulaciones instalando coyunturas políticas, dándole contingencia a los sistemas en los cuales se desenvuelven. La relación privilegiada de los partidos en la primera modernidad, ha sido arduamente criticada por nuevas formas de privilegios históricos, como los movimientos sociales autónomos. Hoy más que nunca este debate de reemplazos, no tiene ningún sentido, las articulaciones entre partidos  y movimientos son las que deben ser trabajadas en la teoría y la practica política. Esta condición hace que las relaciones han de ser en algunos planos de preeminencia partidaria y en otros de preeminencia de los movimientos, la articulación y la planificación de estrategia política es propia de los partidos y la fuerza de los movimientos. Pero esta relación es una dualidad analítica ya que en principio esta se expresa en conjunto, pero aquello que se puede diferenciar debe ser diferenciado, y de esta manera generar mejores análisis, que son la base de poder planificar estrategias…

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¿Una rebelión posmoderna?: a propósito del movimiento estudiantil del año 2002

mayo 22, 2008

Obertura:

“Es obvio decir del pasado simplemente que es.

Apenas un milímetro más allá, cualquier

contenido que se le atribuya, no es sino

una reconstrucción. La objetividad de la historia

es estrictamente histórica”

Carlos Pérez en algún lado.

La crisis de los partidos de izquierda históricos es un hecho hace más de 15 años en el país; el PS con problemas de identidad administrando un modelo económico que no se inserta en su tradición, el PC que no logra avanzar fuera del problema no resuelto, incluso en términos judiciales, de las violaciones de los DDHH…, para que hablar de la identidad nacional o de la cultura del miedo, o del vaciamiento de contenido de la política partidista. A pesar de eso el PC lanzo propuestas en los gremios como el colegio de profesores y en la universidades estatales donde llego a tener una fuerte presencia por lo menos ganando elecciones como la época dorada con Rocco a la cabeza de la Fech y a conducir un conjunto de procesos como la del gobierno universitario, como es el caso del intento de gobierno triestamental de la universidad de Chile.

Después del año 1997, que fue el ultimo estallido estudiantil fuerte con manifestaciones y tomas de los locales universitarios, donde a grandes rasgos se pedía que el estado asumiera un rol más preponderante en el financiamiento estudiantil y universitario, no se habían levantado “petitorios estudiantiles” que asumieran de manera estructural la crisis de la universidad publica del país. Mas bien se habían quedado en la reivindicación de más presupuesto como forma de aliviar la crisis, entonces desde esta lógica los estudiantes nos habíamos limitado pelear por mayor asignación de presupuesto para el ex – crédito universitario, llamado hoy fondo solidario, donde nos endeudamos en el presente para pagar en el futuro, con la agravante de que a pesar de la existencia de la confech cada universidad negociaba por separado con el gobierno de turno fragmentando la demanda por Universidad. Y con todo eso, llega el 2002 y “algo” andaba dando vueltas por ahí.

I movimiento: Un malestar en la cultura:

Hay un malestar que no tiene que ver con el problema de la culpa de Freud -aunque a lo mejor si tiene que ver, pero no es nuestro asunto ahora- pero ocuparemos la frase para narrar lo inenarrable siempre a costa de caer en paradoja. La experiencia de sociales de la Chile grafica la idea de malestar, de algo que estaba adentro de la facultad hace mucho tiempo, algo que se daba manera fragmentada, sin muchos argumentos y con poca movilidad en los pasillos: quizás no queríamos salir a protestar nuevamente por los créditos, quizás queríamos darle concretitud y norte a la ficción de comunidad llamada movimiento estudiantil. Hay muchos quizás después de observar desde un puesto privilegiado la manera en que los estudiantes de sociales asumieron la tarea de mandar a buena parte los últimos 10 años de luchas estudiantiles y con ellos incluidos el gobierno de Lagos y sus ingenieros comerciales. Por eso y por lo novedoso de la experiencia de las últimas cuatro semanas, intentaremos narrar lo que ocurrió.

Abril terminaba y algo raro andaba en el aire, un fantasma sin ojos recorría el mundo universitario de sociales, los plenos Fech se iban poniendo a tono con los deseos de movilizarse, esto ocurría cuando el pleno Fech se toma la torre 15, centro neurálgico y administrativo de la universidad; esto pasaba en el pleno y la facultas de ciencias sociales va a subirse al carro, pero no dispuesta a hacerse parte solo del problema del bienestar y el recorte de presupuesto del SEMDA, sino que intentara que se asuma que el problema es nacional y estructural, y que toda demanda pasa por que el estado se haga cargo de la educación no solo superior, sino de toda esta; cosa que obviamente va en contra del modelo económico del país. Esto es lo que vagamente se llamaba “los temas nacionales” en las asambleas. A pesar de la vaguedad y de la dispersión típica de toda generación estudiantil que se enfrenta por primera vez a la tarea titánica de reformar el sistema universitario publico, la facultad decide a irse a toma del local universitario con el apoyo de la Fech o sin este, como forma de presión y con la vaguedad de los temas nacionales como fondo, precipitando, de esta manera, los hechos. La juventud comunista que marca fuerte presencia en el pleno sobre todo a través del control de la mesa de la Fech, es presionada desde sociales para que asuma que el problema es nacional y estructural, sin que a esas alturas se tenga claridad de cuales son las demandas posibles, a pesar de conocer ambiguamente el problema.

Esto coincide con que en sociales una “nueva dirigencia”, con variada y nula experiencia política anterior, se hace cargo del movimiento en la facultad, las juventudes tradicionales como la jota no existen como estructura a pesar de que hay militantes desperdigados, los “zurdos” de la Surda no le apuestan al movimiento desde el principio lanzando propuestas que encierran los problemas en la facultad, desde computadores hasta revisar el plan estratégico, obviamente en la animosidad que ya empezaba a notarse en el aire, una propuesta como esta sólo podía tener un calificativo… amarillos. Los colectivos universitarios típicos de los noventa, con toda su propuesta teorica futurista, agitan, pero son incapaces en términos de fuerzas políticas nacionales de llevar una reivindicación tan grande a buen puerto, su fuerza en términos de votos en el confech es nula y su hegemonía discursiva sobre los “lugares políticos” donde se desenvuelven es dudosa y dúctil, como es el caso de las asambleas.

II movimiento: ¿La forma sobre el fondo o al revés?:

La modernidad nos acostumbro a medir a los movimientos políticos sobre su fondo, sobre sus propuestas ideológicas, de ahí podíamos generar las alianzas estratégicas o tácticas, los grandes bloques históricos o las comunidades de intereses. En cambio la posmodernidad volvió sobre la forma, en la oposición cuerpo/mente de la modernidad se volvieron sobre el cuerpo, sobre la forma.

Y así ocurrió, un lunes sin Fech se tomaron la facultad, sin petitorio, sin calculadora en la mano, dispuestos a enfrentar al monstruo que habían creado contra cualquiera que se les opusiera por delante, un aire de festividad por el deseo cumplido empezaba a florecer; los comités de funcionamiento interno se constituyeron rápidamente, la comisión de comunicaciones, la comisión extraprogramatica, todas ellas planificaron actividades para la semana o las semanas que seguirían. Con todo esto arriba la comisión petitorio aun no se formaba, ni siquiera sabia que pediría, sólo se sabía que era por los “temas nacionales”. Paso el lunes y el martes, y el miércoles y el jueves y por fin hay luz. Un petitorio nacional bien fundamentado, consistente lógicamente y con una datación empírica quizás atrasada en el año mismo, pero que entraba en la problemática de manera estructural e histórica, un petitorio que no incluía milenarismos y cambios radicales, ya que asumía su imposibilidad, pero que mapeaba en su primera etapa la modificación del instrumento técnico FUAS y un hecho político que era la firma de un compromiso del rector o del consejo de rectores de discutir con los estudiantes el programa-petitorio. Con una fecha para la instalación del arancel diferenciado que se ponía en el 2005, después de haber quemado las etapas anteriores. El paso lógico de este petitorio era ganar el pleno Fech y de ahí saltar al confech, tratando de instalar el petitorio a nivel discursivo en los medios y en el confech instancia máxima de los estudiantes chilenos a nivel institucional y organizativo.

Después de dos semanas se gana el pleno, haciendo gala, la facultad de foquismo[1], ya que era el foco más avanzado donde se esperaba que con una buena estrategia discursiva y con la precipitación de los hechos, se acelerarían los saltos de conciencia al calor de las movilizaciones y generaría el efecto contagio en las demás universidades, con lo que nos podríamos presentar al gobierno con una plataforma unida y coherente. Y hasta aquí todo era racional, muy moderno en sus planteamientos, aunque atrasados en las estrategias, se apostó al foco, a la vanguardia que tiene el programa más avanzado llevado por un sujeto que lo agita y lo mueve políticamente[2].

A pesar de esos pasos, al perder en el confech con la negativa de la Surda, “los cumpleañeros[3]” dicen que nunca se le apostó al confech y que lo que se fue a hacer es a generar los contactos que nos permitan o subvertir el confech o crear una nueva organización, que se empezó a llamar –imaginariamente- la “coordinadora de universidades movilizadas” que era un esfuerzo parecido al que ya se había hecho en la ultimas dos semanas dentro de la universidad de Chile, que se conocía como la “coordinadora de facultades movilizadas” que logro después de mucho esfuerzos entrar a los “temas nacionales” y ganar el pleno Fech. Esta idea -hipótesis ad-hoc o conejo de sombrero de mago, para algunos entre los cuales me cuento- de que nunca se le apostó al confech como lugar político, rallo con la irracionalidad política, y todos los voluntarismos derivados de la soledad. Había llegado el momento de quemar los últimos cartuchos racionales; había llegado el momento de aproximarse al sacrificio.

Y no se le apostaba al confech, pero no afloro la idea de que el confech dividido había dilatado la convocatoria a movilizaciones para el segundo semestre, cosa que en términos racionales es posible de leer con toda la teoría de la sospecha atrás, tampoco afloro el calculo de que si bien el petitorio de sociales era -mutatis mutandis- el mismo que el de la jota, esta lo había abandonado o le había bajado el perfil y la pregunta obvia era porque lo había hecho. Los zurdos de la Surda que podrían haberle dado cabida al petitorio a nivel nacional dilataron las movilizaciones para el segundo semestre, y la acusación a los zurdos fue de amarillos. Y no se le apostaba al confech… y lo acusaron de poco representativo y se hablo de refundación para hacerlo, esta vez si, representativo. Perdimos y eso fue dos semanas antes de la bajada de la toma, hasta aquí llego la modernidad y su calculo efectivista; de ahí en adelante las fuerzas de lo irracional tomaron el mando.

III movimiento: las fuerzas de lo irracional:

La racionalidad con arreglo a fines sufrió en las semanas que siguieron una derrota de la cual le costara recuperarse, hablamos del cuerpo por sobre la mente, de la forma sobre el fondo, incluso hablamos de fetichismos organizacionales como los C.G.R[4]. de filosofía donde la preocupación por la “forma democrática” es lo que la guía, y no su movilidad política, generando un abismo entre los valores democráticos y la efectividad política. La asamblea que con el valor de democracia directa en medio, genero la acusación de poca representatividad al confech se volvió con esto la única instancia política reconocida; misma idea que desbordo al cecso[5] y su estructura de democracia representativa. La asamblea de sociales se vio como el único lugar político donde los anhelos de democracia directa se vieron expresados, tratando de romper con la lógica de las cúpulas tan comunes en el medio universitario actual; el problema es que con la insistencia en la forma se olvido el cálculo político dentro del confech. A esto se agregaron la discusión del petitorio por asambleas por carrera, que desde ahí, subía la discusión a la de facultad y de ahí la “nueva dirigencia” la llevaba a las coordinadoras varias, de hecho era democrático hasta las masas, era una rebelión de base, sin cúpulas; el sueño de cualquier anarquista y/o anarko.

La asamblea siguió funcionando esperando algo que no ocurrió, la voluntad y el voluntarismo siguieron reunidos en las coordinadoras que se juntaron poco y con poca fuerza, y a pesar de eso se estimaba que se avanzaba, los cálculos eran optimistas, incluso después del confech del 26 de mayo, cuando ya no se contaba con los zonales del sur y se volvió los ojos al zonal metropolitano y norte. Se avanzaba imaginariamente en organización y en coordinar un petitorio común a posicionar, quien sabía donde, ya que no se le apostaba al confech. En resumidas cuentas la ultima semana después de un confech en el pedagógico vieron que las movilizaciones no iban en ascenso y que la Surda con su poder de voto efectivo en el confech no se iba a subir, y esto a pesar que no se le apostaba al confech. El monstruo guiño sus ojos de arancel diferenciado a las demás universidades y el guiño no fue devuelto, y él al estar solo, se saco los ojos para no verse a si mismo y lo que había hecho. Solo en el páramo de las correlaciones de fuerza, se invento el mundo imaginando.

La “nueva dirigencia” que avasallo a los colectivos presentes y subvirtió al cecso analizaba optimistamente la calendarización de movilizaciones, pensando que eso obligaría al confech a tomar en cuenta el petitorio, a pesar que no se le apostaba… y salieron a marchar y se enfrentaron con carabineros, hicieron un “cara pálida”[6] en el centro para demostrar su descontento con la propuesta del gobierno. La nueva dirigencia dijo que había que esperar hasta que el paro general del 4 de junio y llegaron las lluvias o la ira de san Isidro, y había que esperar… y se miraron las caras por fin a la cuarta semana después del ultimo confech, y a pesar de que nunca le apostaron, comprendieron que habían perdido en términos objetivos; y la “nueva dirigencia”ante la desesperación de la soledad en medio del páramo universitario; dijo: que habían habido “avances”; en términos de cultura política o de conciencia, después de 4 semanas habían “avances”, instalando una subjetividad sobre otra subjetividad como es la conciencia. La asamblea se mira si misma y para no matarse entre todos eligen a la victima sacrificial que tiene toda la culpa; la culpa de todos y que por tanto no podrá ser vengada, no hay vendetta por la muerte de quien es culpado en nombre de todos, los zurdos, los pesimistas, los que no estuvieron, los racionales, los comunistas que se subieron tarde, etc.

IV movimiento: “La nueva dirigencia”

La nueva dirigencia se subió al carro “al tiro”, al momento de que los zurdos comprendieron que la guagua diabólica se moriría antes de nacer, la nueva dirigencia que nunca le apostó al confech como instancia política, ya que, es poco representativa; a fuerza de voluntad y voluntarismos emprendió cual quijote la tarea titánica de destruir los molinos de viento. La nueva dirigencia estética, hizo de la política una poesía que intentaba ganar espacios políticos en alguna parte, ya que no se le apostaba al confech. Los cumpleañeros trabajaron muy duro, con éticas de sacrificio le argumentaron a los racionales y a los pesimistas, que si se podía producir la coyuntura, el hecho histórico que por fin nos llevara a la instalación del “tema nacional” por lo menos en la opinión publica.

La nueva dirigencia, con variada y nula formación política avanzaba respetando la democracia directa, sospechando la maquina de algún grupo político del pasado moderno, la asamblea y no la cúpula y el lobby, a construir movimientos desde la base, y, sin embargo, sabiendo que la modalidad desde la base es un proceso largo, actuaron yéndose de cabeza a la coyuntura; si es que alguna vez hubo una coyuntura más allá de la casa de Bello. Y esperaron… el apoyo de USACH fue celebrado, a pesar de que la misma USACH estaba quebrada por dentro, miraron al norte y el guiño no fue devuelto… y esperaron. Y como todo se aguo, y camarón que se duerme… perdieron y con ellos perdimos todos.

La nueva dirigencia ya no tuvo más cartuchos que quemar, ni más conejos que sacar del sombrero, se volvió testimonial, poética, finalizaron ocupando el espacio, convirtiéndolo en un “lugar de la memoria” que testimoniara el sacrificio. Hicieron un mural en la facultad que da muestras de su estética de poetas malditos de la sobremodernidad urbana. “La resistencia es fértil” dice el mural mostrando una planta transgenica afectada por la lluvia ácida, y un joven alternativo urbano de la plaza Ñuñoa o del barrio bellavista que, obviamente, vive en Providencia o en Ñuñoa o la Reina. Ethos de izquierdista de los noventa desarreglado, muy grunge para la vieja izquierda que se muere entre la hoz y el martillo y el Che. Ethos, estilo, forma, cuerpo, sensualidad desatada que puede ser adquirida en la época neoliberal a bajo precio con esa libertad de supermercado que tenemos, no hay que parecer lo que son en su mayoría… “niños bien”, que no quieren serlo, que han entrado en la “intrigilingulis social” como reza el verso de Víctor Jara. La nueva dirigencia tiene forma de rebelde, estilo de rebelde; casi como James Dean, un rebelde en forma, pero sin fondo, sin ideología que no sea la forma de las cosas, la estética, lo corporal. La vieja izquierda con su estilo medio lana o medio formal no entiende la nueva estética del grunge urbano de barrio alto, ellos que se preocupaban de la ideología, de las plataformas programáticas, de los programas mínimos, no logran entender la nueva preeminencia de la forma, de la sensualidad, del arte por el arte; ellos hijos de la prolet- kult y del realismo socialista se quedan atónitos sin saber que hacer.

Una rebelión posmoderna, un estallido que a las dos semanas ya no tenía más sentido que no sea el carnaval y el sacrificio ritual. Una fiesta que con banquete totémico y todo, generaba una familia o una tribu, yendo más allá o más acá de la modernidad; produciendo una identidad de grupo nueva, de esas que se forman por debajo de la conciencia… en el rito. Una catarsis grupal que casi nos deja a todos sicóticos, una voluntad vuelta voluntarismo, una gran familia de la toma, una movilización que no logro nada sustancial, pero que dejo a los cumpleañeros contentos que terminaron con un gran final de fiesta. Un petitorio que se perdió no se en que momento, gente con veintitantos años que es primera vez que hizo algo importante y que se siente satisfecho con haberlo intentado; habiendo hecho descarga de la energía, liberando el malestar culpogeno; una coyuntura de dudosa instalación que habrá que esperar si se convierte en proceso y no se quede en el mero estallido catártico de la toma de sociales del 2002…

Este escrito podría llamarse “crónica de una muerte anunciada”, pero el papel de vanguardista histórico contemplativo no me queda bien, se podría decir algo de los zurdos, del vacío histórico dejado por la Jota, de los troskos que no aparecieron más, de los sensualistas que soportaron hasta el final, de los pesimistas genéticos que nos fuimos antes. No me queda bien el papel de iluminado, por que no lo soy, y nadie en estos días, y con decir- lo dije- tampoco solucionamos nada. Habrá que esperar el futuro, esperando no tener razón.

“y, sin embargo, se mueve”

Galileo ante la inquisición.

Al poniente de la ciudad, 9 de Junio del 2002.


[1] Estrategia revolucionaria típica de los sixties latinoamericano asociada al Che Guevara y a la revolución cubana, se trata de que a través de un foco armado revolucionario que se encuentra en una zona alejada de las grandes ciudades y en lo posible con presencia campesina, se expanda la revolución planteada, apostando a su condición de vanguardia de la vanguardia.

[2] Hacemos esta salvedad para que los amigos trosquistas no se enojen, ya que su programa es más puntudo, pero sin sujeto, exceptuando la facultad de filosofía , que es una facultad tan o más marginal que sociales, y no lograron instalar su petitorio en el pleno. (y no sabemos si querían hacerlo)

[3] Término con que cariñosamente se llamaban los estudiantes movilizados de sociales.

[4] Centro general de representantes, intento organizativo de democracia directa en la facultad de Filosofía.

[5] Centro de estudiantes de Ciencias Sociales, a cuya cabeza se encuentra la Surda.

[6] En términos simples “mostrar la raja” en algún lugar publico.

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¿Cómo entender a un antropólogo?: Una descripción cultural de una cultura que se considera una cultura I

febrero 5, 2008

 

“…pero en Ruritania no es así”

Enzo Faletto, en algún lado…

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¿Qué puede ser la cultura como objeto de investigación para la antropología?

Los antropólogos están acostumbrados a hablar de la cultura, ocupando este concepto de manera laxa, dando pie a numerosas confusiones y malentendidos, sobre todo por el hecho de que cuando hablamos de cultura debemos agregarle un apellido cosa de fijar el sentido del concepto, lo que implica básicamente que no distingue mucho, a pesar de eso se sigue ocupando la noción describiendo cosas muy diferentes, siendo de hecho esta época caracterizada como una explosión de los elementos culturales; ya que todo buen científico social ha tendido a ocupar la noción de cultura para describir algunos de los cambios acaecidos en los últimos 30 años. La antropología social, es la disciplina, el campo de labor científica si quieren, que más ha ocupado el concepto al punto de hacerlo la base de su construcción disciplinar.

Dentro de la tradición antropológica se puede distinguir bastante bien tres usos teóricos del concepto de cultura, como un taxonomía práctica de los 150 conceptos[1] de cultura que elaboraron los científicos sociales: la cultura como la totalidad de lo humano, implicando la distinción sobre aquello que diferencia a la cultura de la naturaleza, y últimamente a los seres humanos de las maquinas; una segunda forma de ocupar el concepto es cuando se le utiliza como un descriptor de totalidades sociales discretas e históricas, esto es implicando que las diferencias entre sociedades se establece por medio de la cultura propia de estas sociedades, aliada a esta noción es la consideración de los modos de vida “típicos” o “modal” como una cultura; una tercera forma, y quizás la más moderna, es considerar a la cultura como uno de los factores o componentes de la acción de los agentes en los campos sociales, ejemplos de esto pueden estar desde Habermas hasta Bourdieu. Así, podemos ver que efectivamente existe una factorización y descomposición de la acción social, donde podemos distinguir variables económicas, variables sociales y variables culturales, este elemento empírico le da un sustento muy fuerte a las acciones, complejizando sus elementos gatillantes de morfostatis y morfogénesis. De esta manera, la cultura puede vehiculizar las interacciones como una “forma simbólicamente generalizado”, pero teniendo presente la condicion de ser una simbolización a nivel del “sentido común” que evita el gasto de tiempo de interaccional y se suma a una economía de las prácticas, como un pre entendimiento; así los alumnos en clase están en un determinado espacio y con un determinado rol y status, no cualquiera se atreve a poner en cuestión este orden. Este elemento limitante del poder emergente de los modos de resolver las posiciones, hace que la cultura funcione en el plano de las estructuras, a los cuales los agentes se enfrentan en sus prácticas como un límite que debe ser o enfrentado o aceptado[2]. De esta forma, se puede tematizar a la cultura como un elemento presente en la interacción que no se temátiza en las practicas y se reproduce con estas, ya las practicas y las interacciones están ajustadas a la cultura misma.

Un punto central es que se puede pensar a la cultura como un símbolo latente que ahorraría tiempo interaccional, como un acuerdo normativo aproblemático de las acciones y del sentido de las acciones, y de hecho que sólo se detectaría cuando se presenta un sentido distinto por parte de un agente, momento en el cual emerge la “otredad” y la necesidad de reflexividad sobre los modos de resolver las interacciones, elemento que debe ser reducido para vehiculizar estas interacciones; generalmente ante la emergencia de la “otredad”, se debe reducir esta, dando cuenta de una derivación del contacto que Bateson llamaría cismogenético. Un ejemplo de esta ultima, es la llamada inseguridad subjetiva en la urbe que impone el “dejar de hacer” y vivir hacia dentro, mismo caso de la omertá o ley del silencio en las mafias, gran enemigo contra el cual las autoridades italianas dieron una feroz pelea. En cualquier caso son esto rasgos los modos de entendimiento práctico, de carácter aproblemático que vehiculiza las interacciones sociales, generalmente en el plano de los mundos de la vida, pero también podemos fenómenos culturales, incluso de exportación de prácticas, que se reproducen en el sistema a pesar de lo que el sistema diga de si mismo. Estos elementos de exportación de prácticas podemos observarlos por ejemplo, cuando damos cuenta de la coordinación a nivel estatal, donde a pesar de las formas de relaciones jurídicas, en realidad los lazos de amistad, parentales y partidarios, son más gatillantes en la generación de interacciones exitosas que los vínculos formales, donde de hecho la obligatoriedad de las prestaciones y contraprestaciones del don resultan buenos descriptores de la vida social. Estas condiciones son las que podemos determinar como “sentido común” aceptado y legitimado, con el cual podemos describir a los distintos grupos de personas.

Muchas veces hemos llamado a esto “ethos” concepto que describirá la generalidad de las practicas aceptadas y legitimadas dentro de un grupo social. Para el caso de los mismos antropólogos sociales, podemos describir las dimensiones culturales que se establecen y que luego se refuerzan por medio de sistemas de vigilancia de la misma cultura, la cultura de esta forma vela por que el entendimiento siga siendo fluido por medio de la verificación de sistemas de reproducción y vigilancia de estas tecnologías sociales reflexivas que reproducen la cultura. Una concepción de la cultura como esta permite, establecer un primer requisito: la coherencia, la cultura debe ser coherente para poder cumplir su función como un sentido implícito en las prácticas. Al mismo tiempo, da cuenta de la relación micro-macro, ya que permite abarcar los elementos de la “mente” hasta la estructuración social, muchas veces con relaciones directas (hacia arriba o hacia abajo). De la misma forma, se pueden introducir conceptos como hegemonía o dirección del sentido común, e incluso de fabricación del sentido común, por medio de la concepción y planificación racional de la cultura o del sentido[3]. En un caso extremo, podemos hacer reflexiva estas condiciones e introducirnos en senderos que nos lleven a la reflexividad cultural de la reflexividad cultural, donde la cultura se transforma en un campo altamente complejo. Y donde podemos re interpretar las condiciones de nuestras formas de entendimiento y de interpretación.

 


[1] Un profesor del departamento de antropología de la Universidad de Chile, por suerte ya fuera de la Universidad, elaboró con sus allegados una lista de más de 150 conceptos de cultura, con lo cual, además de hacer el típico articulo, dieron cuenta de una gran complejidad y diversidad en el concepto de cultura, incapaces en ese momento de realizar una mínima taxonomía de sus usos, elemento que prueba el status empirista y relativista hasta en los desarrollos teóricos de la antropología, autoaplicándose las categorías con las cuales analizan el mundo social, este último hecho debe ser visto como un ejercicio casi terapéutico.

[2] De esta forma la antropología social, siempre caería en lo que la profesora Margaret Archer denomina conflacionismo descendente en sus explicaciones sobre lo cultural. La estructura es lo que trata de construir el antropólogo, y subsume las relaciones que mantiene los agentes al orden y fuerza que tiene la estructura frente a las personas.

[3] Esto es clásico de las ideas presentes en la teoría critica del grupo de Frankfurt.

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Discurso licenciatura antropólogos sociales universidad de chile 2007

febrero 3, 2008

 

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Sr. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales

Sres. Profesores del Departamento de Antropología

Queridos alumnos, y hoy, futuros colegas:

Nunca, aunque muchos lo pondrán en duda, fui bueno para hablar en público, ni para monopolizar la palabra. Pero me ha tocado hoy, darles el saludo de parte de los profesores de antropología social, a esta generación que inicia su camino de salida de la Universidad. Es en estos momentos finales, el instante en que podemos hacer balances de varios años en la Universidad, por lo menos en su formación de pregrado. Hoy podemos mirarnos y decir efectivamente: nosotros los de entonces ya no somos los mismos. Muchas cosas han pasado, a nivel colectivo y personal. Y quizás esta ceremonia es el signo más patente de estos cambios.

Debo decir que tengo dos orgullos durante esta ceremonia: el primero es la ceremonia misma, la cual comenzó en el año 2003, y fue mi generación la que la inicio. Nunca esperamos que se transmitiera y que otras generaciones asumieran la responsabilidad de realizarla. Nosotros los estudiosos de los rituales, que habíamos teorizado sobre su importancia, de cómo marcan los pasos y etapas en las trayectorias de los individuos, éramos incapaces de poder dar cuenta de la salida de los alumnos, al momento de comenzar su retiro de la Universidad. El segundo orgullo es el hecho de que es este curso, uno de los primeros que vi pasar como profesor, con los cuales trazamos amistad y compartimos mucho más allá de la relación alumno- profesor. Haciendo universidad desde y hacia el aula, la cual fue un espacio abierto a la exploración del pensamiento, muchas veces comentando el exterior de la sala de clases, costumbre que al parecer se había perdido con el tiempo.

En nuestra ceremonia nos leyeron “El etnógrafo” de Borges, desde una posición romántica de la antropología social, en ese instante sólo me pareció un detalle literario, una forma de evocar el otro lado de la antropología social: el antropólogo de terreno. Sólo hoy puedo observar la totalidad a la que pertenecía aquel detalle literario. Y claro, estaba en conexión con una antropología social bastante profunda, que temátizo muchas veces el problema de la disciplina desde las formas narrativas y estéticas. Este modo de entender la antropología social es mucho más que sólo un desborde poético, sino que esta conectado con las formas predominantes de la antropología social durante los años noventa. Estos modos de hacer antropología hoy comienzan a perder su predominio, ante la emergencia de nuevas inquietudes por parte de los alumnos, y subrayo esto, porque son los alumnos los llamados a abrir nuevos senderos y construir la nueva antropología social. Las formas narrativas de exploración de la tarea del etnógrafo, me parece que responden a una contra tendencia propia de los años noventa en respuesta a un fenómeno de más antigua data, y hoy este discurso intentara hacer emerger esta condición y tratara de mostrar el papel que esta generación que se nos va, tiene en la dilucidación del como entender la nueva antropología social, que creo esta naciendo en la Universidad de Chile.

Un problema de los años ochenta para las ciencias sociales era la imposibilidad de delimitación entre ciencia y política: la lectura política abarco todos los espacios sociales, desde el colectivo como en las evaluaciones de las políticas aplicadas durante el periodo, hasta los personales, al punto de dirigir los gustos de las personas, como el caso del mismo Borges. Un militantismo radical como respuesta a la dictadura militar domino las ciencias sociales, donde estas se examinaban desde una totalidad maniquea donde coincidía lo bueno, bello y veraz, y por defecto lo malo, feo y falso. La radicalidad militante fue opacando la reflexión sobre las formas de entender el país, y los roles personales y/o colectivos en la situación nacional. Al mismo tiempo fue oscureciendo uno de los papeles de los cientistas sociales que se involucran en política: los análisis con pretensión de objetividad, o de manera reflexiva diríamos hoy, análisis con sentido crítico y auto-amenazante. La revista Análisis en los años ochenta, decía por ahí, que ningún artículo de ningún cientista social que se precie, debía olvidar la ecuación lineal de los conceptos: dictadura militar, tejido social, desobediencia civil y régimen democrático. Nadie puede culpar a nadie por este fenómeno, mucha gente entrego su vida y se jugo mucho más que la carrera en una lucha donde podríamos destacar algunos ejemplos ejemplares. Aunque con la “virtud radical” hoy debemos tener más cuidado, sobre todo cuando destacamos ejemplos totales de sujetos puros ya que caemos otra vez en maniqueísmos. La historia nos ha demostrado más de una vez, que los sujetos son sólo eso, personas que en un momento de su vida hacen emerger todas sus capacidades individuales en pro de un proyecto colectivo, involucrándose en los procesos sociales macro. Claramente los resultados no son iguales al proyecto, ya que siempre hay más de un actor en política. No debemos hoy, teniendo en cuenta a los héroes, exigir trayectorias puras, sin contradicciones, como coherencias radicales de toda una vida. Esa exigencia de identidades puras, no deja ver a los hombres detrás de los héroes, y tiene el tinte religioso de siempre, por medio de la búsqueda de la pureza y la uniformidad, en algún santo grial o ciudad de los cesares.

Los noventa, comenzaron de alguna forma como una relajación de la política militante de los años ochenta, donde las ciencias sociales estaban atrapadas en este extremo militantismo. La liberación de la imaginación, mucha veces artística, se introdujo de contrabando en las ciencias sociales, los desarrollos teóricos de los años setenta y ochenta en los países centrales, inundaron las ciencias sociales latinoamericanas, como una liberación de la reja de hierro del militantismo y al mismo tiempo pudieron relevar a los individuos frente a la colectividad. Y apareció la teorización corta de los “rizomas”, la asfixiante y latosa “descripción densa”, o los extraños conceptos blandos-metáforas como modernidades liquidas, identidades sinuosas, transterritorializaciones, tribus urbanas, espejismos, globalización y demases. Pero esto que podría haber recuperado cierto status científico o por lo menos analítico de las categorías de las ciencias sociales, fue otra vez blanco del desborde, una vez más religioso, donde emergieron otros militantismos, como el que pudimos observar en el ultimo congreso de antropología social, ya que unido a estos conceptos emergió una nueva ortodoxia: el militantismo metodológico.

El militantismo metodológico, destaca que existen metodologías privilegiadas, como un fondo aproblemático de la labor de los antropólogos sociales. Estos modos privilegiados y unívocos de acercarse al objeto, se basaron en un conocimiento más “democrático”, como el que se puede resumir en la que es ya una frase cliché: co-construido o dialógico. El ataque a la época anterior, son consideraciones de este tipo: el científico autoritario, el investigador invasivo, la encuesta reduciendo a números a las personas, la impersonalidad de los modelos, la frialdad de las correlaciones. Como si las entrevistas en profundidad fueran menos invasivas, la utilización de vínculos menos impersonales y los grupos de discusión con galletas y café menos artificiales. Al final, se llego a la conclusión de que era imposible acercarse al otro, por lo tanto sólo se podía dar cuenta de la relación del investigador, otra vez co-construyendo dialógicamente el relato sobre el otro, al cual debemos distinguir del conocimiento del otro. Así, derivo la investigación sociocultural, en poesía y construcciones literarias. Al final de cuentas, militantes de una técnica ante el vacío que había dejado el colectivismo de los años ochenta. Todo había sido superado, los viejos relatos, los viejos modos; incluso las tibias aportaciones a la teoría desde Latinoamérica. La llamada “posmodernidad” modernamente renegaba de su pasado, al igual que lo hizo la modernidad con el mundo medieval, sólo que ahora no había ningún animo exultante que no fuera la militancia metodológica, cierto humanismo pesimista y sofisticadas construcciones epistemológicas sin muchos resultados teóricos. No debes pensar debes sentir, no debes explicar debes describir, no debes combinar, debes ser puro. Lo mismo de antes, pero sin el antes. Un nuevo maniqueísmo, alimentado muchas veces por el rechazo visceral y por la simple ignorancia.

Todo esto lleno de desidia las aulas, de desesperanzas a los alumnos y de redundancia en los profesores. Más que argumentos, resultaron posiciones que no encuentran otro asidero que el hecho de que las pronuncia una persona, como si el error no existiera; nada fue sometible a la crítica: “esta es mi visión y no tienes porque compartirla” del punto de vista normativo, o desde la epistemología “esta es mi experiencia y no tienes como compartirla”, resultando un problema técnico. Esto significo el fin de la discusión, esta vez por simple desidia, se acabo la posibilidad incluso de poder conversar: dos soliloquios no son una conversación, como dos diarios no hacen opinión pública, como dos partidos o coaliciones no hacen un sistema político. Y así, se profundizo la individualización, se alejaron los sentidos de lo público y se adelgazo la política. Al mismo tiempo la ciencia social se perdió entre los detalles literarios y estéticos. Los grandes temas en dos volúmenes, como dice un poeta del Uruguay, se perdieron dentro del anaquel de las bibliotecas empolvadas y circulares.

Pero algo comenzó a pasar iniciando el siglo XXI. Un tímido rumor apareció en las aulas, surgieron conversaciones que salieron de los lugares comunes, los alumnos comenzaron a enfrentarse con los profesores y entre si, se armaron revistas y coloquios, surgieron posiciones que no se escudaron en su validez automática y la argumentación volvió a surgir. Y buscaron hacia los lados y en el pasado, la necesidad de rigurosidad conceptual, de no aceptar las cosas tal como venían, dieron nuevos aires a la universidad, la cual se vio en la obligación de intentar ser eso otra vez: una universidad. Se criticó la simbólica redundante que remite a si misma, auto fundada, que no representa nada. Se comenzaron a sacar libros que no salían de la biblioteca desde los años ochentas. Algo cambio, comenzaron a exigirse nuevos y viejos cursos, la vanguardia artística fue criticada, y la vuelta científica muchas veces rayo en el positivismo, como contra tendencia otra vez a los noventa. Al mismo tiempo, la facultad comenzó un proceso de re coordinación, como un signo de los tiempos, que se alineo con los alumnos necesarios para recomenzar. Un aire de refundación anduvo estos años en la facultad, y esto resulta importante, porque los alumnos se unieron a las autoridades en la transformación de la facultad, oponiéndose a los feudos de las instituciones medias y las parcelas con patrón y capataz de los proyectos. Una extraña alianza que sólo puede tener sentido cuando estos actores comparten la idea de hacer universidad.

Todos estos elementos resultan fundamentales en esta exposición, porque fueron sus hijos quienes han cambiado y aportado a esta escuela, y estando en una posición desigual con los profesores, unieron fuerzas para comenzar el lento proceso de la transformación. Son ellos quienes ejerciendo sus capacidades y a veces sin mucha dirección han reinventado esta facultad. Son ellos, quienes hacen posible esta ceremonia, y al mismo tiempo, esta disertación.

Y no podía ser de otra forma, y al mismo tiempo resulta obvio. Un acuerdo de los investigadores en educación es que el “efecto escuela” se ha aminorado con el tiempo, resultando ser más importante en los resultados académicos el capital cultural heredado que el capital cultural adquirido. Por lo tanto puedo asumir, sin temor a equivocarme, que gran parte de las capacidades que pusieron en práctica, gran parte de los vacíos que fueron notando, gran parte de las críticas que fueron haciendo: salieron de compartir discusiones y conversaciones en sus hogares y en sus entornos más directos. Son esos elementos los que hicieron la diferencia con las generaciones anteriores entre las cuales me cuento. Con ustedes, se fueron forjando, y hoy pueden y deben estar, al igual que yo, orgullosos. Algo se sembró en buena tierra.

Hoy creo que comienza una antropología social que no esta atrapada metodológica ni temáticamente, aunque quedan muchos escollos en el camino. Sobretodo por el conservadurismo tan típico de los mismos antropólogos y el intento constante de definirse por medio de categorías como la identidad, la cual se autoaplican, tratando de resolver escolásticamente su condición en la sociedad moderna. Esta generación, hasta donde los conozco, se abrirá paso en nuevas temáticas abriendo el espacio teórico y metodológico, y no la simple repetición ad infinitum. Será una generación contaminada, y esa es una gran metáfora categoría, para el horror de los puristas religiosos. Porque esto implicara que la antropología social tendrá que cambiar obligadamente, generando procesos de reflexividad, entre la academia y el mundo laboral, dos mundos que a todas luces muestran un abismo que resulta hoy preocupante. Este abismo deberá ser tematizado en su momento y volverlo objeto de problematización. La nueva antropología social, estará definida por medio del trabajo efectivo de los antropólogos y la academia no podrá rechazarlos en base a su purismo de sociedad científica decimonónica o su militantismo metodológico. Esa es una de las discusiones que viene para la antropología social en la Universidad de Chile. Con esto quiero decir que: los echaremos mucho de menos como alumnos, pero esperamos contar con ustedes como colegas. Por ultimo recordar a Gabriel Celaya, poeta español, que nos decía:

Nosotros somos quienes somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.

Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.

¡Felicitaciones Egresados 2007!

Santiago de Chile, a pocos días del verano.

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Sobre la representación en Antropología: descripción y hegemonía

febrero 3, 2008

“El conocimiento científico exige entregarse a la vida del objeto, o tener ante sí y enunciar su necesidad interna
Hegel. Fenomenología del espíritu

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Introducción:

James Clifford pone en algún lugar el caso de Marcel Griaule y su relato sobre los Dogon o en realidad sobre el estamento sacerdotal de los Dogon; este caso nos lleva a un lugar de inflexión de la antropología social en cuanto a la representación del Otro; cuando aun esta andaba en la búsqueda de la alteridad radical frente a occidente. La antropología social se valió de diversos métodos y teorías para descubrir el “corazón cultural” de las sociedades que fue a estudiar; vale la pena recordar aquí la noción de método que en griego vendría a ser algo así como “a lo largo del camino” cuyo destino cuando hablamos de la ciencia obviamente es la verdad moderna. Pero existen verdades y verdades; dependiendo del lugar epistémico donde se basen; existe una verdad ontológica que va en busca de la esencia de las cosas, buscando las leyes inmutables que hacen que las sociedades se muevan, en antropología la fuerza de esa búsqueda esta presente tanto en el evolucionismo a lo Morgan como en la estructura de Levy- Strauss, pasando por el funcionalismo de Radcliffe- Brown y su analogía biológica.

Pero además existe otro lugar teórico como es el positivismo que busca lo puesto, lo que hay; aquello manifiesto que hace que la sociedad y su cultura se vuelva transparente, es la idea de la copia, de la fotografía, de las descripciones minuciosas que el buen Boas nos llamaba a hacer con sus áreas culturales, este postulado llegara a su extremo en el momento del antropólogo nativo o las etnografías de citas que reunirían por primera vez la información desde la sociedad misma evitando el sesgo “subjetivo” del antropólogo. La pelea en cada caso es por la verdad que una sociedad A que será llevada mediante un texto a la sociedad B. La hermenéutica reaccionara contra esto haciendo hincapié ya no en los métodos como los positivistas tan preocupados de las técnicas que se ocuparon para llegar a ese juicio sobre la sociedad o por la forma lógica de los juicios que nos recuerda la preocupación de Kant sobre la forma en que conocemos, sino sobre las imágenes que nos transmiten, en el extremo esta Clifford Geertz llamándonos a la perfección de la escritura, tratando de transmitirnos sensaciones y reduciendo a la antropología a las sensaciones del etnógrafo. En cada caso siempre es el texto o las fotografías o los videos los que nos hacen referencia a representación de la cultura en la sociedad dada. En cada caso hay un fracaso en el ingreso al objeto de estudio a través de una inmediatez entre el sujeto y el objeto, en cada caso tuvieron que asumir mediaciones discursivas entre el sujeto enunciante y lo enunciado. Más allá de que Levy-Strauss pensara que las mitológicas se hubieran escrito solas.

Siempre es una imagen, un discurso. Ya pasamos por la copia o por las leyes internas de la sociedad, y sin embargo la narración hermenéutica sigue construyendo la imagen del otro. El otro que antes era asequible y el relato etnográfico era la verdad interna o la copia, y ahora quizás una semblanza o una imagen. El otro es construido para la sociedad B por medio del relato del antropólogo, pero eso no ha significado nada. La autoridad etnográfica basada en la experiencia del “estar ahí” y describir ha dejado lugar a las imágenes de los que están ahí. Nos movemos en un mundo de imágenes que construyen y desconstruyen a los Otros. Pero la autoridad como poder y no solamente como origen sigue estando detrás de nosotros. El gatopardo hace que todo cambie para que nada cambie.

Imagen y Narración.

A lo mejor debería ser narración e imagen. La narración por medio del texto nos trasmite una imagen del otro. El relato en antropología tiene una doble función: la primera es la transmisión del otro dándole una existencia y una visibilidad que antes no tenia, en el caso específico de Griaule nos muestra a los Dogon. Esta primera función es la más característica de la antropología de viejo cuño cuando nos acercaba por medio del relato en el texto etnográfico a pueblos que se encontraba lejos en el espacio y atrás en el tiempo como los cazadores recolectores etc. De esta manera y armado de técnicas investigativas la antropología construyo su discurso sobre el Otro, al cual le dio una realidad basada en el estatuto científico, lo que había en el texto era la verdad no solo de la existencia de estos pueblos como una prueba que están ahí, sino además el estar ahí del antropólogo como miembro de una sociedad científica que nos traspasara la imagen del otro, enumerando sus características, sus principales costumbres. Los pueblos mediante esta construcción fueron vistos como una totalidad, como un arquetipo inmutable. La imagen de la sociedad que se hacia mediante el texto les daba una corporeidad indivisible en la sociedad B. El antropólogo se ponía como mediador y comunicador intercultural entre la sociedad A y la sociedad B. Pero existe otra función del relato y es la que nos recuerda Benedict Anderson en su “Comunidades Imaginadas”, el relato hecho texto que Anderson pone de manifiesto nos hace también imaginarnos a nosotros como comunidad, aunque no lleguemos a conocernos entre todos nos imaginamos como unidad dándonos también una homogeneidad, una identidad que como toda identidad es igual a si misma. Entonces el relato es capaz de unirnos y además de mostrarnos la imagen de otros.

La imagen transmitida en el texto nos opone y nos unifica. Nos piensa como comunidad y nos da también la alteridad de otras comunidades. El mundo del texto nos acerca en el espacio a otras sociedades. Forma entonces nuestra memoria y a los pueblos ágrafos su memoria hecha no por ellos, sino por lo antropólogos. La representación de estos pueblos extraños se hace como una comunidad imaginada, mediante la narración del antropólogo. En definitiva una imagen hecha a partir de una representación. Exploraremos tres tipos de imágenes que corresponden a tres formas de representación en antropología: la imagen fotográfica, la imagen como lo subyacente y la imagen como narración. Para rechazarlas todas y poner otro lugar teórico a la narración del antropólogo.

La imagen fotográfica.

La imagen fotográfica hace alusión a los intentos positivistas de la antropología, la idea de la copia, de la descripción minuciosa de Boas es a la que nos lleva este postulado; Boas había pensado que, reaccionando contra el evolucionismo, que no podíamos hacer generalizaciones sobre los pueblos solo basados en el método comparativo, por tanto había que hacer descripciones minuciosas para después ver si se podía comparar o no. La antropología de EEUU nos llevo de esta manera al relativismo cultural armado de su teoría el particularismo histórico. La imagen era construida por el antropólogo entrando al corazón de la cultura con un conjunto de técnicas de investigación. La sociedad era transparente en sí misma, dentro de su contextualidad. Entonces solo había que medirla, mirarla a través de la observación participante o las entrevistas a sujetos claves. El intento fotográfico de la descripción minuciosa solo logro asfixiar a los antropólogos que ya no explicaban sino que solo mostraban, la imagen de la sociedad. El problema de suscitaba entonces ya no con la posibilidad de la descripción sino con los mecanismos para describir donde el narrador extranjero resultaba de alguna manera un elemento distorsionador de la realidad. En ese punto aparecen los informantes claves y la polémica con el antropólogo nativo.

El desarrollo de la antropología en este punto fue como todo intento positivista: metodológico. Las metodologías y las técnicas de investigación nos acercan al objeto como al medico lo acerca la oscultación del paciente a través de los instrumentos médicos. La realidad esta ahí y lo que no sabemos es como tomarla, como seguir el camino “método” hacia la realidad misma. La misma razón nos indicaría el camino de cómo orientar la experiencia etnográfica. Estar ahí era la base, aprender la lengua y tratar de participar con ellos para coger su punto de vista. La imagen era preponderantemente emic.

La imagen como lo subyacente.

La imagen como verdad intrínseca de los pueblos es el intento de la antropología de corte ilustrado. Tanto Levy-Strauss como las antropologías materialistas como la de Marvin Harris entraran a buscar la mirada distante, no importando tanto lo que el sujeto dice de sí, sino lo que el antropólogo ve detrás del sujeto. La idea de estos antropólogos es descubrir lo subyacente y que en último termino determina la acción cultural de estos sujetos en su sociedad. Las sociedades y su dinámica son opacas cosa que los enfrenta con los intentos positivistas que concebían sociedades de manera transparente, por tanto, posible de copiar y de describir. Descubrir los mecanismos que están detrás de los sujetos es otra forma de reificación de la realidad. La mirada etic tiene preponderancia en los intentos de estos antropólogos. La narración tiene un estatuto científico universalizante. Hay una razón universal que todos compartimos sin saberla, ya que es anterior y superior a nosotros.

El marxismo y el psicoanálisis los grandes programas de la sospecha son quienes nos acostumbraron a este tipo de análisis de la sociedad y de la cultura. El concepto de ideología en el marxismo de Althusser que es el que sigue Marvin Harris y la idea de conciencia de Freud que es la que sigue Levy-Strauss, nos dan indicios para sospechar lo que esta detrás de la imposible transparencia de las sociedades y de la historia. La ideología “burguesa” según Marx tenía la necesidad de naturalizar lo que aparecía como histórico y contingente reificando la realidad social. La conciencia de Freud nos ocultaba el Edipo los hombres hacían las cosas, pero no sabían porque lo hacían. Levy-Strauss trabajo sobre estas ideas construyendo las mitologías y la idea de estructura inconsciente que producía a los grupos. La mirada distante etic se mantiene tanto en Marvin Harris preocupado como buen materialista de lo que hacían y no de lo que “decían” que hacían; o en una formula “el hacer sobre el decir”. Y Levy-Strauss sobre el decir del antropólogo estructuralista sobre el decir del nativo, así como el analista dice algo sobre la asociación libre del paciente dándole una coherencia que el analizado no puede percibir. El antropólogo de esta manera y en ambos casos podía ver lo que realmente eran y eso era lo que narraban.

La imagen como narración.

Llegamos a un lugar teórico heredero de la hermenéutica y de la posmodernidad. La imagen etnográfica transmitida en este caso tiene que ver con la dimensión estética y de las sensaciones que el antropólogo siente al estar con los sujetos de estudio. Esta vez el antropólogo nos habla de la sociedad en la cual esta desde sí mismo, en una pretendida relación dialógica con la sociedad, el antropólogo habla desde sí inmerso en el mundo de los otros, ya no de los otros como copia, ni de lo que los otros no ven, pero hacen inconscientemente. Ahora hablan desde sí.

El antropólogo proyecta “su” imagen sobre la sociedad estudiada. Por tanto no tiene el estatuto científico anterior, no describen la sociedad ni explican la sociedad, a los más intentan comprender a la sociedad, comprensión siempre limitada por la misma construcción social del antropólogo. El antropólogo es ahora un autor no diferenciable de un novelista. Se preocupara del estilo, de la estética del relato tratando de transmitir sus sensaciones. El texto sale de la asepsia científica al collage artístico. La etnografía es solo lo que el autor ve e interpreta en la experiencia, esta es la dialéctica que Clifford nos muestra. Hay solo narración no basada en una verdad que no sea la personal del autor, ya no tiene estatuto científico ni pretensión de verdad social, sino solo de un relato más.

El dilema de Griaule.

El dilema de Marcel Griaule cuando estudia a los Dogon nos ilustra los problemas de la representación en antropología. La antropología en estas tres tendencias que hemos reconstruido nos ilustra que siempre hemos tomado a las sociedades como sistemas cerrados que no presentan conflictos internos como las sociedades modernas, las imágenes construidas de ellas daban la idea de una totalidad homogénea, nos hace imaginarnos una sociedad que se piensa a sí misma como comunidad imaginada. Griaule siguiendo esta línea, según Clifford, solo tomo en cuenta el punto de vista del estamento sacerdotal de los Dogon, el nativo influyo sobre la etnografía, pero lo hizo desde una noción de poder sin poder saber –nosotros- si el resto de los Dogon tenían la misma visión.

Hemos llegado a un momento de inflexión en el relato, en la imagen construida por los antropólogos en sus etnografías. Las imágenes entonces proyectadas son las de las hegemonías históricas de cada sociedad, por tanto la posibilidad de que las sociedades cambiaran estaba abierta desbancando a los intentos materialistas del estilo de Marvin Harris, o del estructuralismo de Levy-Strauss o de los funcionalistas, estas sociedades calientes podían ser vistas desde el conflicto activo o pasivo. El Afganistán de los Talibanes nos muestra este tipo de posibilidad, donde la dominación pura a través del control de los mecanismos de coerción física según el concepto de estado en Weber se reafirma con las de hegemonía ideológica que Gramsci nos pone en el camino. El estado es más que dominación, es además hegemonía ideológica o cultural. El relato y el texto oficial no bastan para entender a la sociedad, existen otros relatos y otros textos, y lo que aparece como totalidad incambiable es solo hegemonía de un momento histórico determinado. Siempre puede existir una contradicción en las sociedades, que van intentar pensarse de manera distinta, existe ahí la posibilidad del cambio social. Los Talibanes solo son un momento histórico en Afganistán y eso lo prueba su salida del poder. El consenso forzado de la población puede ser cambiado cuando esta toma la palabra y se relata a sí misma.

Esto nos lleva a otra afirmación, algo así como el sujeto es parte de la explicación, de una explicación que es también histórica. Entonces a la pregunta de ¿Porque sucedió esto?, es: porque ellos lo hicieron. La ciencia busca explicaciones sin el sujeto observado y observador, busca las leyes causales en la infraestructura económica, en la estructura funcional, en la interacción sistémica, o en el plano estructural a lo Levy-Strauss, desdibujando a los sujetos sociales, disolviéndolos. El relato puede ser no científico como la idea de la pretendida verdad y solo quedarse en la hermenéutica, pero lo que importa es la hegemonía del relato y como este construye comunidades imaginándolas, no importa ya es si es científico o solo la interpretación del autor, ya que este construirá una imagen que podrá ser hegemónica o no, dependiendo de cómo los sujetos logran proyectar esa imagen, de esta manera nos salimos de la ciencia y de la hermenéutica y entramos directamente a la política, a una forma de ver la política que es también ,mediando la hegemonía, cultural. El informe del PNUD 2002 trabaja al alero de la destrucción del imaginario social separando la experiencia vital de este. En este punto da lo mismo cual es el imaginario social, lo que importa es si es hegemónico. Lo que importa es la cultura, o la vida con sentido según Subercaseux. El sentido es lo que el antropólogo debe relatar, lo que debe construir indagando. Pero ese sentido de la experiencia vital es cambiable y puede estar en conflicto o como mínimo puede ser disputado.

El dilema de Griaule, de esta manera, se sale de si representa bien a la sociedad y su cultura como copia, como estructura subyacente o como mera imagen hermenéutica, lo que importa es la hegemonía de la imagen del otro, al cual construimos en nuestra sociedad B desde la sociedad A. El texto ya no busca entonces la verdad de lo puesto, de lo subyacente o de la hermenéutica, porque a pesar de que sea un texto sin pretensión científica, construye una imagen que se podrá hacer hegemónica en la sociedad. Esta noción del relato supera a las otras, ya que contiene sus posibilidades racionales y las transforma en discurso político. Un ejemplo claro de este dilema, es el problema de la delincuencia en el país. La delincuencia condenada a la página roja de los diarios antes de los noventa, paso a la portada poniéndola en el centro del debate político. Es extraño ya que se supone que la delincuencia aumenta en épocas de crisis económica o por los menos el sentido común nos diría eso; pero los noventa sobre todo en la primera parte de la década son una época de expansión económica y del crédito, y de gran acceso a los recursos, y sin embargo los delincuentes pasan a primera plana y en el centro del debate político. Este es un claro ejemplo de la acción hegemónica de ciertos grupos dentro de nuestra sociedad, de esta manera si el antropólogo hindú viniera vería como nuestra principal preocupación es la seguridad ciudadana. La antropología se fue a la estética y al collage artístico, pero sigue construyendo imágenes, que pueden llegar a ser hegemónicas, entonces la forma de ver el proceso de construcción del discurso etnográfico y su autor cambia haciéndolo más complejo.

Dos orígenes de la autoridad etnográfica.

Hay dos formas de ver el proceso de la construcción de las etnografías como textos y ver su relación con el autor y su autoridad, la primera es la imagen del autor como autoridad y la segunda la de la imagen de la autoridad como autor. El autor como imagen de la autoridad hace referencia al estatuto de verdad cultural que hace el antropólogo al construir su texto etnográfico, esta autoridad esta relacionada al “poder” científico. La ciencia tiene el poder porque tiene la verdad. La representación de la verdad cultural de la sociedad estudiada se hace a través del estar ahí junto con las técnicas de investigación, más la experiencia y explicación teórica. La teoría nos permite mediante las técnicas de investigación y la experiencia etnográfica, poder articular un discurso científico. El autor del texto esta respaldado por la autoridad de la ciencia que me habilita para hacer juicios sobre las sociedades. Esta es la imagen de la idea del experto en un tema, su autoridad esta basada en que es un experto en algún tema. Este tipo de autoridad esta ligada al poder del conocimiento que el proyecto ilustrado pretendía para los científicos, ya que nos liberarían de los prejuicios y oscuridades de la sociedad anterior.

El otro tipo de autoridad esta ligada a la imagen de la autoridad como autor, aquí ya no se pretende la verdad, sino ubicar al texto según el autor que le dio origen. El relato ya no ordena en una teoría científica como en un paradigma, sino que el texto se identifica con el autor que lo produce, en sus sensaciones y trata de construir una relación dialogica con el lector. Ya no es la verdad prepotente de la ciencia, sino la opinión de alguien que acompañado de la experiencia etnográfica nos muestra su visión de la cultura observada. Es obvio que su fuera otra persona nos diría otras cosas, porque sentiría y percibiría otras cosas del grupo estudiado. La posmodernidad resolvió así con este tipo de razones particulares, tan particulares como el autor del texto la carencia del meta relato de razón universal y totalizante.

De esta manera intentaron ponerle coto a las fallas de la ciencia y sus prepotencias en nombre del progreso, pero fallaron ya que de todas maneras construyen una imagen hacia la sociedad B de la sociedad A. Un relato que construirá diferencias e identidades. La comunidad imaginada del otro volverá a hacerse visible más allá de que si se trata de un relato científico o hermenéutico. El texto nos volverá a vincular y generar imaginarios culturales. Pero no bastan ni el autor y su autoridad asumida o dejada de lado o si el texto es científico o no, lo que importa es su hegemonía, como este va construyendo imaginarios, poniendo los límites de la normalidad y de la anormalidad, generando un sentido común. Construyendo imágenes que nos llevaran a hacer juicios sobre los otros, la imagen en este punto da exactamente lo mismo si es científica o no, lo que importa es si esta instalada en el imaginario y si se reproduce como cultura. La normalidad de lo culturalmente aceptable esta basada en la imagen hegemónica que hemos hecho de nosotros y de los otros. La seguidilla y para ponerlo en una formula es autor: texto: hegemonía como tres momentos de la constitución de un imaginario social. La mima relación se puede encontrar entre el Anderson de las “Comunidades imaginadas” y el Ernst Gellner de “Naciones y nacionalismos”, en el primer caso Anderson trabaja con la imaginación de una comunidad a través de un texto, el texto nos imagina como comunidad. Haciendo una reconstrucción, Gellner entrara ya no sobre “que es lo que nos imagina” como esas identidades imaginadas a través del texto, sino además “quien nos imagina” poniéndole sujeto social y autor al texto, Gellner habla entonces de la clerecía o de aquel segmento de las sociedades que controlan la producción intelectual y su reproducción social, la clerecía era capaz de imaginarnos a través de un texto, pero le pone una determinación material: que exista un sector dentro de la sociedad que sea capaz de relatar a la comunidad: profesores, el clero, sectores que trabajan con el conocimiento. Hasta ahí llega Gellner, obviamente no podemos inventar comunidades como quien hace una mesa, por eso llegados a este punto la forma en que la “clerecía y el texto” imaginaran a la comunidad pasa a la esfera política y ahí depende de su inserción cultural y política como imaginario, o sea su capacidad hegemónica y posibilidad de dominación. De ahí en adelante el sujeto es parte de la explicación histórica.

La hegemonía histórica que no es una verdad científica o una mera interpretación o relato posmoderno que se saca la culpa escondiéndose detrás de la idea de que es una pura opinión, nos lleva al problema del poder y de la política haciéndonos asumir las responsabilidades que tienen los intelectuales en la formación de los imaginarios culturales hacia dentro de nuestra sociedad y hacia fuera en la visión de los otros. Todos los relatos tiene la posibilidad de hacerse hegemónicos y vincularse con el poder, mas allá de que sean o no científicos y cuando asumimos eso aparece la responsabilidad del intelectual. Por eso la antropología tiene un gatopardo en la construcción de los textos y de los otros “todo cambia para que nada cambie”.

Bibliografía:

1. Antonio Gramsci, El materialismo histórico y la filosofia de Benedetto Croce, editorial Juan Pablos, 1975, México.

2. Antonio Gramsci, Los intelectuales y la organización de la cultura, editorial Juan Pablos, 1975, México.

3. Benedict Anderson, Comunidades imaginadas: reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, FCE, 1991, México.

4. C. Geertz, J. Clifford y otros, El surgimiento de la antropología posmoderna, editorial Gedisa, 1992, Barcelona.

5. Ernst Gellner, Naciones y nacionalismos, editorial Patria, 1983, México.

6. Herbert Marcusse, El hombre Unidimensional: ensayo sobre la ideología de las sociedad industrial avanzada, editorial Joaquín Mortiz, 1968, México.

7. James Clifford, Los dilemas de la cultura: antropología, literatura y arte en la perspectiva posmoderna, editorial Gedisa, 1995, Barcelona.

8. Jorge Larrain, Identidad Chilena, Lom, 2001, Chile.

9. Jorge Larrain, Modernidad, razón en identidad en América Latina, editorial Andrés Bello, 1997, Chile.

10. Laclau, Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista, editorial siglo XXI, 1985, México.

11. Marc Auge, Los No lugares: espacios del anonimato, editorial Gedisa, 1996, Barcelona.

12. Michael Taussig, Un gigante en convulsiones: el mundo humano como sistema nervioso en emergencia permanente, editorial Gedisa, 1995, Barcelona.

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